La Palabra

Imagina que llegase al poder un partido político cuyo único objetivo fuese gobernar de acuerdo a la voluntad de la mayoría. La democracia, en teoría, habría triunfado, pero ¿cómo haría para conocer, en cada instante la voluntad de la mayoría?

Sencillo, entramos en la mente de cada individuo, leemos todas las ideas que hay en su interior, las organizamos, las resumimos teniendo en cuenta cuántos individuos las comparten y las presentamos para que todo el mundo sepa lo que hay en la cabeza de todo el mundo. Repetimos el proceso hasta saber cuáles de entre todas las ideas individuales importan a la mayoría y cuáles no. Las que importen a muchos, que sugieran decisiones de gobierno, harán que todos nos pronunciemos interiormente, y gracias a nuestro mágico sistema sabremos antes o después qué desea la mayoría.

En ese momento, cuando la voluntad de la mayoría sea algo realmente expresable en palabras, cuando hallemos “la palabra” que la expresa, ya no será necesario ningún partido político que gobierne. Funcionarios, representantes, gobernantes, escucharán la palabra y acatarán sus designios.

Admito los pequeños obstáculos a los que se enfrenta mi proyecto. Creo, sin embargo, que podemos diseñar mecanismos sustitutorios. Y ese, señoras y señores, es nuestro reto, articular la palabra que expresa la voluntad de la mayoría.

El día en que seamos capaces de articular la palabra que representa realmente a millones o miles de millones de personas, las cuales se sientan justamente representadas por ella, viviremos en una democracia total. Puede que no sea realmente posible, pero podemos aproximarnos.

No es posible (ni deseable) entrar en la mente de los individuos para saber qué piensan, pero dar a todo el mundo la oportunidad de contribuir de forma igualitaria y constructiva a la elaboración del debate social sí lo es. Es posible hacer que su palabra sea visible por todos, darle a sus ideas la oportunidad de iniciar una corriente de opinión que cambie el rumbo del mundo, entregarle la misma cuota de poder que a cualquier otro en la formación de la palabra

Una vez conseguido esto, ya habremos alcanzado una democracia digna del siglo XXI. El secreto de la democracia no es otra cosa que encontrar la manera en que todo el mundo puede comunicarse con todo el mundo de forma constructiva. ¿Todo el mundo con todo el mundo sobre todos los temas? Pues no, no es necesario que todo el mundo opine sobre todo, a mi en particular hay muchas cosas que me dan igual. Sólo quiero opinar sobre lo que me importa, pero quiero que mi opinión sea tenida en cuenta, que tenga el mismo peso, ni más ni menos, que cualquier otra. Por otro lado es imposible que cada individuo esté informado de lo que quieren expresar otros diez mil millones. Las corrientes de opinión se forman por concentración de opiniones particulares, y esto depende de la manera en que la información fluye en el sistema. ¿Cómo lograr que todas tengan las mismas opciones?

Si tuviese un millón de euros creo que se los daría a quien encontrase la solución al problema.

Cómo representar la información para que, de forma instantánea, sea accesible a todo el mundo, es un problema técnico de gran calado y a la vez de muy poco. El problema será enorme cuando el sistema tenga que albergar a miles de millones de usuarios opinando sobre millones de temas pero por ahora es bastante sencillo, porque sobre lo único que tú y yo tenemos que ponernos de acuerdo es sobre ¿cómo nos ponemos de acuerdo?

Antes de ponernos de acuerdo sobre esto o aquello, hemos de ponernos de acuerdo sobre cómo hacerlo. La cuestión es cómo saber que todos los que queremos opinar estamos de acuerdo en que nuestra opinión está representada en la palabra que nos representa. Echar un papeles en una urna, dejar que un presidente hable en nuestro lugar y esperar cuatro años para poder opinar otra vez no es solución. Eso lo sabemos ya.

El problema de la democracia es sólo un problema de comunicación, y eso ya no es un problema. Es muy fácil hacer que lo que una persona opina sea accesible a todo el mundo. Basta colgarlo en la red. ¿Pero cómo logras tú, cómo individuo, saber qué es lo que opinan los demás? ¿Cómo saber si estás de acuerdo o en desacuerdo con la mayoría?

Las redes sociales, los foros, los chats… todo eso ayuda, pero hace falta rediseñar el flujo de la información global. Esto se pone interesante. Nos encontramos en el próximo post.

Salud, paz y democracia.

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