Diálogo entre pueblos

Hace algunas semanas, empezó a circular un vídeo grabado por la Asamblea de Tres Cantos (España), en el que se intentaba comunicar al pueblo alemán que el rescate a España no rescata a los españoles de las garras de la oligarquía económica y política. Este vídeo ha sido visto 131.234 veces a día de hoy, tiene 1702 “me gusta” y 27 “no me gusta”. Hace unos días ha empezado a circular otro vídeo semejante en el cual la agrupación Blockupy Frankfurt (Alemania) contesta al vídeo español explicando que ellos tampoco se sienten representados por sus políticos, que se avergüenzan de ellos, manifiestan que la diferencia entre ricos y pobres está creciendo en Alemania y que apoyan al pueblo español. al griego, al italiano, al portugués, etc etc.. Mola, ¿no? Este otro vídeo ha sido visto por 52.282 personas de las cuales 688 han hecho click en “me gusta” y 28 en “no me gusta”.

Cuando uno ve el vídeo, tiene la sensación de que el es realmente el pueblo alemán el que habla a pueblo español, porque ellos están respondiendo como si hubiesen recibido un mensaje del pueblo español, lo cual no es cierto. Un grupo pequeño hace un comunicado, y otro grupo pequeño, responde con otro comunicado. Ni siquiera la proporción de me gusta y no me gusta es representativa de lo que la gente, españoles o alemanes (o de dónde sean) piensan de los vídeos. Las personas que han visto uno u otro vídeo, son susceptibles de haberlo recibido de parte de otra persona que los conoce y que sabe que es probable que le guste. Quizá por eso la mayoría de las personas que ha expresado su opinión sobre los vídeos lo haya hecho de forma positiva. En realidad, un grupo muy reducido de personas está detrás de cada uno de los vídeos. A parte de lo emocionante que pueda resultar verlos, o no, no tienen ninguna representatividad, no son expresión genuina de la opinión de “los españoles” o “los alemanes”.

Sin embargo estos dos vídeos vienen a sugerir una posible forma de elaborar la palabra.

Cada uno de los vídeos está probablemente diseñado por un número de personas, posiblemente menor que el de individuos que sostienen y leen los carteles. Podemos suponer que todos estos están fundamentalmente de acuerdo con el comunicado en el que forman parte. No esperamos en este tipo de experiencia que alguien difiera y tenga un cartel de signo contrario al comunicado. Sin embargo esa posibilidad es la que nos interesa a nosotros, que cada uno pueda expresar lo que quiera. para que todos podamos saber qué es lo que piensan todos los demás. La mayoría debe comunicarse con la mayoría en su diversidad y su discrepancia,

Supongamos que realizamos un vídeo en el que cada participante tenga la posibilidad de escribir un cartel y leerlo, durante diez segundos. No estaríamos ya haciendo un comunicado, sino una mezcla, a priori desordenada, de los pensamientos de quienes integran el grupo (el grupo de los que realizan el vídeo, claro). Para asegurarnos de que todo el mundo tiene la misma importancia los minicomunicados individuales se organizarán al azar, y el vídeo se podrá empezar a reproducir por cualquier punto y se repetirá cíclicamente.

Para ser más flexibles podemos imaginar que en vez de un cartel, cada participante puede crear una imagen estática, un fotograma, en el cual puede plasmar, escribir o dibujar lo que quiera. Estas imágenes estáticas irán acompañadas de un sonido, de libre elección, ya sea la lectura del contenido, ya sea música, ya sea lo que el legitimo usuario del fotograma desee. Al principio los fotogramas se reproducirán a un ritmo lento, uno cada diez segundos, y la voz de cada individuo, aunque brevemente, podrá ser escuchada nítidamente. Esto es lo mismo que si tenemos un grupo pequeño de personas. Podemos escucharnos los unos a los otros.

A medida que aumenta el número de participantes del grupo, para que todos tengamos tiempo de escuchar a todos, habrá que aumentar la velocidad a la que se reproducen los fotogramas, uno por segundo, diez por segundo, cien por segundo… o para que un vídeo producido por diez mil millones de personas dure ochenta minutos, tendrán que reproducirse dos millones de fotogramas por segundo, creo, haciendo absolutamente imposible que la contribución de cada individuo en particular tenga repercusión alguna sobre la consciencia del grupo que está a punto de empezar a surgir.

En este estado, la imagen y el sonido que produce una sociedad totalmente desorganizada sería incapaz de expresarse a sí misma lo que piensa. Para hacerse escuchar serán necesario unirse, pactar bloques de fotogramas que permanecerán juntos en la reproducción, y de repente del caos de millones de mentes pensando para si mismas surgirá poco a poco un discurso comprensible que será, por fin, de forma legítimamente incuestionable, la voz de de la mayoría.

Salud, paz y democracia.

 

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