Un proyecto factible

1.-

La baja calidad de la democracia en España y en el resto de Europa no sólo se debe a la innegable decadencia de nuestra clase política y al creciente poder de la plutocracia, sino también a la incapacidad del demos para controlar a éstas. Los sistemas parlamentarios existentes, ya sean proporcionales o representativos, muestran a este respecto una serie de carencias intrínsecas que no son casualidad ni tienen visos de cambiar. Son las clases dominantes las que han generado los sistemas democráticos, y lo han hecho de forma que les resulte suficientemente fácil mantener el poder a la par que el demos adquiría un ilusión de control que la sociedad de la información ha terminado por desbaratar. Un buen ejemplo es el senado español.

Aunque la voluntad política podría acelerar el proceso mediante el cual los mecanismos democráticos que rigen la política de nuestros países se modernizasen, no basta con la intención de implementar un sistema realmente democrático para ser capaz de hacerlo. La eventual llegada al poder de un partido político del tipo de Podemos no resolvería el problema fundamental de cómo podemos todos los españoles estar de acuerdo en que nuestra opinión está debidamente representada en las decisiones gubernamentales. El problema es esencialmente un organizativo y tecnológico.

La resolución del problema tecnológico, aunque supongo un esfuerzo considerable y requiera una importante cantidad de recursos humanos y en menor medida financieros puede considerarse trivial. Una vez arrancado un proyecto con una estructura suficientemente sólida y con una imagen potente será sólo cuestión de tiempo que a base de crowdfunding y contribuciones personales, su implementación sea llevado a cabo.

2.-

Hemos de partir de la base que cualquier intento de crear una herramienta para que cientos de millones de personas puedan tomar decisiones sin necesidad de pasar por los órganos gubernativos nunca va a contar con el apoyo de éstos. El origen del nuevo sistema democrático hacia el que la sociedad europea se dirige inexorablemente está en los movimientos sociales, en el compromiso personal de cientos de miles ciudadanos de los distintos estados que se organizan para hacer frente, en una especie de guerra de guerrillas, a la maquinaria del poder.

Los movimientos sociales de principio del siglo XX disfrutan de una gran cantidad de herramientas para comunicarse, y la potencia de estas ha hecho ya tambalearse muchas estructuras de poder. Hablamos de herramientas como Twiter, Telegram, Facebook, Appgree, Lomio y un largo etcétera. Aunque algunas de estas herramientas, como Appgree, fueron diseñadas en consciencia de que su uso podría llevar a facilitar las movilizaciones sociales, otras, como Twitter, tienen un impacto muy superior al que sus diseñadores nunca esperaron. En general, las herramientas que los movimientos sociales usan para organizarse no fueron diseñadas para ello. De hecho, es frecuente el uso combinado de muchas aplicaciones de forma confusa e ineficiente, a pesar de la excelente intención y esfuerzo de todos los activistas. La causa es sencilla, son las herramientas lo que no sirve.

El problema fundamental al que nos enfrentamos es que ninguna de esas herramientas fue diseñada con un conocimiento profundo de todos los procesos necesarios a la hora de consensuar las posturas de millones de personas en un espacio reducido de tiempo. Una aplicación diseñada específicamente para organizar a un número tan elevado de personas en una acción conjunta precisa de mecanismo para llevar a cabo consultas, asambleas eficientes, redacción de propuestas, votaciones y posiblemente un largo etcétera. Además requiere un diseño sólido y seguro, controlado por el dominio público. Finalmente es indispensable que disfrute de una usabilidad excepcional, para permitir que todos los integrantes del movimiento social, eventualmente todos los ciudadanos, puedan involucrarse sin hacer más esfuerzo que el deseado, en la toma de decisiones.

La actividad de los movimientos sociales, distribuidos por territorios de gran tamaño en los que la comunicación personal es infrecuente, es una fuente inagotable de experiencia. Nadie como las personas que se enfrentan a la complejidad de las asambleas virtuales, la redacción de documentos o toma de decisiones deslocalizadas puede contribuir al diseño de las herramientas ideales para el desarrollo de su actividad.

Cualquier tecnología capaz de satisfacer las necesidades de comunicación, organización, y toma de decisiones de un movimiento social como las mareas, es susceptible de satisfacer las mismas necesiades para un partido político con millones de votantes o incluso un estado multinacional como Europa.

3.-

Una de las experiencias más interesantes derivadas del mundo de la informática en los últimos años es que los grandes diseños no producen resultados. El proceso de desarrollo de software dominante hasta final del siglo pasado consistía en diseñar cuidadosamente una aplicación, documentarla exhaustivamente, y proceder a su desarrollo. Con tiempos y tecnologías cambiantes era frecuente que para cuando la aplicación terminaba de desarrollarse ya era prácticamente inútil y en cualquier caso obsoleta. El resultado es que los grandes proyectos adaptativos que se desarrollan en estos momentos siguen lo que se suele denominar metodologías ágiles, las cuales tienen la capacidad de integrar a una gran cantidad de desarrolladores que trabajen en equipos paralelos, cada uno de los cuales trabaja en una pieza muy pequeña del proyecto, cuya única requisito indiscutible es que debe ser útil para los usuarios. Lo cual, todo sea dicho de paso, resulta extremadamente conveniente para el tema que nos ocupa.

Incluso si nuestro proyecto tiene como objetivo alcanzar un nueva forma de organización social en la que el presidente del gobierno tenga que responder diariamente ante sus votantes, a riesgo de poder ser suspendido del cargo ipso facto por un sistema de votación continua, incluso si aspiramos a que las decisiones que corresponden a la sanidad sean tomados por especialistas y no por políticos en sus despachos, incluso si aspiramos a que todas las cuentas del estado puedan ser auditadas continuamente por la ciudadanía en una wiki-auditoria constante, no necesitamos realizar un gran esfuerzo para empezar. Basta que el proyecto comience con dos elementos.

  • El primero es una idea clara del objetivo a conseguir con respecto a la cual mantener un rumbo definido.

  • El segundo es la idea de la herramienta más básica de la que poder hacer uso para tomar decisiones mejor informadas, y más democráticas, en el menor tiempo posible.

Si de verdad esta primera herramienta es útil, hará más fácil decidir los siguientes pasos, a medida que avance el proyecto y la participación en él se haga menos frustrante y más fácil se puede concebir un proceso de realimentación positiva que lleve al desarrollo de una plataforma compleja que sustituya a o integre todas la herramientas que usamos en estos momentos.

Como dice el proverbio, en un viaje de diez mil lenguas lo más importante es el primer paso. El reto al que nos enfrentamos es, efectivamente, a dar ese primer paso. Simplemente debemos saber hacia donde nos dirigimos y empezar a caminar.

5.-

El concepto básico que proponemos explorar es la generación de un proceso iterativo de magnitud creciente. Supongamos que contamos por un lado con un grupo reducido de miembros del movimiento social que deciden tomar parte en el diseño conceptual de una plataforma cuyo objetivo sea facilitar el funcionamiento democrático interno del movimiento. Supongamos que por otro lado existe un grupo de desarrolladores disponibles para poner en marcha el proyecto en un marco de código abierto y libre. Evidentemente puede también ser parte del movimiento.

La primera tarea de la parte activista es describir la funcionalidad que necesitaría para que todo funcionase a la perfección en un mundo ideal, sin limitaciones. La segunda sería escoger la función específica que podría, por sí sola, facilitar el trabajo del movimiento. El grupo de desarrollo se concentrará precisamente en eso, en crear esa funcionalidad y ponerla al servicio del movimiento social. Si la aplicación desarrollada es realmente útil, su uso se extenderá por si solo en la organización, aunque ciertas barreras de inercia tendrán que ser vencidas. Sólo una parte de la organización ha de estar involucrada en la definición de la plataforma, pero es necesario una implicación de una parte mayor en la iniciativa de hacer uso de ella.

Al ser un proyecto de código abierto y tener como objetivo su uso extensivo, deberá buscarse su adopción por parte de otros movimientos sociales, con lo cual se aumentará la fuerza del proyecto y su capacidad para reclutar desarrolladores y recaudar fondos. El círculo virtuoso sobre el que este proyecto debe cabalgar es el siguiente: La utilidad del proyecto empuja su difusión. La difusión aumenta los recursos disponibles. Los recursos repercuten positivamente en el desarrollo de nueva funcionalidad. La funcionalidad propulsa su difusión.

Una parte fundamental del proceso es que, si la plataforma facilita la toma de decisiones democráticas, será mediante su uso como, de forma democrática, se escogerá la funcionalidad que será desarrollada a continuación. Este proceso fomentará la implicación de los usuarios en su difusión, puesto que se ha visto implicado su diseño, y potenciará la implicación de más recursos y más fondos en el desarrollo.

6.-

Conscientes de que la democratización total de nuestra sociedad es un sueño, nos complace saber que está permitido soñar, porque la realización de este sueño sólo depende de que creamos que es posible. El proceso, una vez comenzado, no será fácil, ni rectilíneo, pero si guardamos como premisas fundamentales que los principios de democracia y transparencia han de ser incuestionables, no puede dejar de contribuir a nuestra comprensión de la problemática asociada a la democracia directa y a los retos que implica para el demos hacerse con las riendas de su propio destino.

Salud, paz y democracia

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