Estabilidad en democracia total

Una de las inquietudes que más suscita el concepto de la democracia líquida, que es como en otros lugares se refieren a lo que llamé democracia total, es su posible propensión a la inestabilidad. ¿Qué pasa si todo el mundo cambia de opinión cada día? Pues bien, sobre la democracia formal en la que vivimos se pueden hacer las mismas hipótesis. ¿Qué pasa si el gobierno decide cambiar las leyes todo los días? ¿Qué pasa si el gobierno no hace lo que había en su programa electoral? No, perdón, eso es inconcebible.

Es mucho más probable que diez miembros del gabinete presidencial cambien de opinión tras una conversación con un banquero que que un millón de personas cambien de opinión cada día, al tuntún, al menos desde el punto de vista meramente estadístico. Sin embargo estamos acostumbrados a que los gobiernos hagan lo que les da la gana y por lo tanto no nos da miedo. No sabemos qué cosas, buenas o malas, nos depara la posibilidad de una democracia directa y por lo tanto tenemos miedo. Es por esto por lo que creo que es importante hacer ciertas consideraciones sobre la estabilidad del proyecto democracia total.

Lo primero y fundamental es que este proyecto, o cualquier otro semejante, parte de cero, de un grupo de ciudadanos que no tienen más poder que su palabra y sus ideas. Sus únicas armas son el esfuerzo y la convicción. Supongamos que ese grupo inicial de guerreros de la democracia consigue, a través de la palabra y métodos totalmente democráticos consensuados por todos, ampliar su número hasta cien, quinientos, mil, diez mil. ¿Qué posibilidades tiene un grupo así de cambiar algo en un país como España? Ninguna. Para que el concepto de democracia total pueda afectar a la gobernabilidad de un país tiene que sustentarse a sí mismo en un contexto de cientos de miles de participantes, tiene que generar la confianza de millones de votantes, y eso no ocurre de un día para otro, ni ocurrirá si no ofrece esa estabilidad que la gente necesita para cambiar. Es decir, si no es suficientemente estable, nunca triunfará.

Este argumento de tipo funcional en realidad me parece bastante secundario al principal, y es que la gente NO ES IDIOTA. Si la gente sabe que sus actos tienen consecuencias y que va a tener que pagar las consecuencias de sus errores se seguirá equivocando, pero lo hará buscando una solución real a sus problemas, salvo, claro está que esté manejando información equivocada, como ha pasado con el Brexit, por ejemplo, o con las victorias del Partido Popular. Pero el tema de la información es mejor dejarlo para otro momento.

Finalmente, si nos planteamos en serio el problema de la estabilidad del sistema, hemos de considerar los mecanismos que puede introducir esa inestabilidad. Básicamente una gran cantidad de la población, o sus delegados, tiene que decidir cambiar de opinión, todos a la vez, en una misma dirección. Espera un momento, en mi experiencia la gente más bien tiende a quedarse en su casa que a participar en la vida política de su barrio o ciudad. ¿Por qué maldita razón justo la sociedad entera se iba a movilizar súbitamente para cambiar varias veces de opinión de forma organizada? Por que recuerda que si la gente cambia de opinión con frecuencia, pero lo hace sin orden ni concierto, el resultado debería permanecer igualmente estable. Son las tendencias, las modas, lo que pueden hacer que la gente cambie en masa, y esas cosas no pasan de un día para otro.

Los cambios bruscos son más probables cuando provienen de un solo foco, como puede ser un presidente del gobierno, la secretaría de un partido político o cierto organismo constituido por pocos individuos. Para controlar esos cambios caprichosos precisamente es para lo que es importante incluir a mucha gente en la toma de decisiones, que es a lo que aspira la democracia total.

En cualquier caso, lo que es obvio es que no podremos saber cómo va a funcionar en la práctica un sistema de democracia total, porque no sabemos cómo vamos a reaccionar a las posibilidades que ofrezca, y por eso es especialmente importante entender que el proceso tiene que ser orgánico, los métodos han de reinventarse mil veces, adaptarse a medida que abarcan a más personas, se extienden por más regiones o países, utilizan más lenguas. Democracia Total no es un método, es un objetivo, y uno de los requisitos para saber si hemos logrado nuestro objetivo es que el método que usemos produzca estabilidad. Si no hay estabilidad es que no hemos llegado a nuestro destino.

Salud, Paz y Democracia

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