Un proyecto factible

1.-

La baja calidad de la democracia en España y en el resto de Europa no sólo se debe a la innegable decadencia de nuestra clase política y al creciente poder de la plutocracia, sino también a la incapacidad del demos para controlar a éstas. Los sistemas parlamentarios existentes, ya sean proporcionales o representativos, muestran a este respecto una serie de carencias intrínsecas que no son casualidad ni tienen visos de cambiar. Son las clases dominantes las que han generado los sistemas democráticos, y lo han hecho de forma que les resulte suficientemente fácil mantener el poder a la par que el demos adquiría un ilusión de control que la sociedad de la información ha terminado por desbaratar. Un buen ejemplo es el senado español.

Aunque la voluntad política podría acelerar el proceso mediante el cual los mecanismos democráticos que rigen la política de nuestros países se modernizasen, no basta con la intención de implementar un sistema realmente democrático para ser capaz de hacerlo. La eventual llegada al poder de un partido político del tipo de Podemos no resolvería el problema fundamental de cómo podemos todos los españoles estar de acuerdo en que nuestra opinión está debidamente representada en las decisiones gubernamentales. El problema es esencialmente un organizativo y tecnológico.

La resolución del problema tecnológico, aunque supongo un esfuerzo considerable y requiera una importante cantidad de recursos humanos y en menor medida financieros puede considerarse trivial. Una vez arrancado un proyecto con una estructura suficientemente sólida y con una imagen potente será sólo cuestión de tiempo que a base de crowdfunding y contribuciones personales, su implementación sea llevado a cabo.

2.-

Hemos de partir de la base que cualquier intento de crear una herramienta para que cientos de millones de personas puedan tomar decisiones sin necesidad de pasar por los órganos gubernativos nunca va a contar con el apoyo de éstos. El origen del nuevo sistema democrático hacia el que la sociedad europea se dirige inexorablemente está en los movimientos sociales, en el compromiso personal de cientos de miles ciudadanos de los distintos estados que se organizan para hacer frente, en una especie de guerra de guerrillas, a la maquinaria del poder.

Los movimientos sociales de principio del siglo XX disfrutan de una gran cantidad de herramientas para comunicarse, y la potencia de estas ha hecho ya tambalearse muchas estructuras de poder. Hablamos de herramientas como Twiter, Telegram, Facebook, Appgree, Lomio y un largo etcétera. Aunque algunas de estas herramientas, como Appgree, fueron diseñadas en consciencia de que su uso podría llevar a facilitar las movilizaciones sociales, otras, como Twitter, tienen un impacto muy superior al que sus diseñadores nunca esperaron. En general, las herramientas que los movimientos sociales usan para organizarse no fueron diseñadas para ello. De hecho, es frecuente el uso combinado de muchas aplicaciones de forma confusa e ineficiente, a pesar de la excelente intención y esfuerzo de todos los activistas. La causa es sencilla, son las herramientas lo que no sirve.

El problema fundamental al que nos enfrentamos es que ninguna de esas herramientas fue diseñada con un conocimiento profundo de todos los procesos necesarios a la hora de consensuar las posturas de millones de personas en un espacio reducido de tiempo. Una aplicación diseñada específicamente para organizar a un número tan elevado de personas en una acción conjunta precisa de mecanismo para llevar a cabo consultas, asambleas eficientes, redacción de propuestas, votaciones y posiblemente un largo etcétera. Además requiere un diseño sólido y seguro, controlado por el dominio público. Finalmente es indispensable que disfrute de una usabilidad excepcional, para permitir que todos los integrantes del movimiento social, eventualmente todos los ciudadanos, puedan involucrarse sin hacer más esfuerzo que el deseado, en la toma de decisiones.

La actividad de los movimientos sociales, distribuidos por territorios de gran tamaño en los que la comunicación personal es infrecuente, es una fuente inagotable de experiencia. Nadie como las personas que se enfrentan a la complejidad de las asambleas virtuales, la redacción de documentos o toma de decisiones deslocalizadas puede contribuir al diseño de las herramientas ideales para el desarrollo de su actividad.

Cualquier tecnología capaz de satisfacer las necesidades de comunicación, organización, y toma de decisiones de un movimiento social como las mareas, es susceptible de satisfacer las mismas necesiades para un partido político con millones de votantes o incluso un estado multinacional como Europa.

3.-

Una de las experiencias más interesantes derivadas del mundo de la informática en los últimos años es que los grandes diseños no producen resultados. El proceso de desarrollo de software dominante hasta final del siglo pasado consistía en diseñar cuidadosamente una aplicación, documentarla exhaustivamente, y proceder a su desarrollo. Con tiempos y tecnologías cambiantes era frecuente que para cuando la aplicación terminaba de desarrollarse ya era prácticamente inútil y en cualquier caso obsoleta. El resultado es que los grandes proyectos adaptativos que se desarrollan en estos momentos siguen lo que se suele denominar metodologías ágiles, las cuales tienen la capacidad de integrar a una gran cantidad de desarrolladores que trabajen en equipos paralelos, cada uno de los cuales trabaja en una pieza muy pequeña del proyecto, cuya única requisito indiscutible es que debe ser útil para los usuarios. Lo cual, todo sea dicho de paso, resulta extremadamente conveniente para el tema que nos ocupa.

Incluso si nuestro proyecto tiene como objetivo alcanzar un nueva forma de organización social en la que el presidente del gobierno tenga que responder diariamente ante sus votantes, a riesgo de poder ser suspendido del cargo ipso facto por un sistema de votación continua, incluso si aspiramos a que las decisiones que corresponden a la sanidad sean tomados por especialistas y no por políticos en sus despachos, incluso si aspiramos a que todas las cuentas del estado puedan ser auditadas continuamente por la ciudadanía en una wiki-auditoria constante, no necesitamos realizar un gran esfuerzo para empezar. Basta que el proyecto comience con dos elementos.

  • El primero es una idea clara del objetivo a conseguir con respecto a la cual mantener un rumbo definido.

  • El segundo es la idea de la herramienta más básica de la que poder hacer uso para tomar decisiones mejor informadas, y más democráticas, en el menor tiempo posible.

Si de verdad esta primera herramienta es útil, hará más fácil decidir los siguientes pasos, a medida que avance el proyecto y la participación en él se haga menos frustrante y más fácil se puede concebir un proceso de realimentación positiva que lleve al desarrollo de una plataforma compleja que sustituya a o integre todas la herramientas que usamos en estos momentos.

Como dice el proverbio, en un viaje de diez mil lenguas lo más importante es el primer paso. El reto al que nos enfrentamos es, efectivamente, a dar ese primer paso. Simplemente debemos saber hacia donde nos dirigimos y empezar a caminar.

5.-

El concepto básico que proponemos explorar es la generación de un proceso iterativo de magnitud creciente. Supongamos que contamos por un lado con un grupo reducido de miembros del movimiento social que deciden tomar parte en el diseño conceptual de una plataforma cuyo objetivo sea facilitar el funcionamiento democrático interno del movimiento. Supongamos que por otro lado existe un grupo de desarrolladores disponibles para poner en marcha el proyecto en un marco de código abierto y libre. Evidentemente puede también ser parte del movimiento.

La primera tarea de la parte activista es describir la funcionalidad que necesitaría para que todo funcionase a la perfección en un mundo ideal, sin limitaciones. La segunda sería escoger la función específica que podría, por sí sola, facilitar el trabajo del movimiento. El grupo de desarrollo se concentrará precisamente en eso, en crear esa funcionalidad y ponerla al servicio del movimiento social. Si la aplicación desarrollada es realmente útil, su uso se extenderá por si solo en la organización, aunque ciertas barreras de inercia tendrán que ser vencidas. Sólo una parte de la organización ha de estar involucrada en la definición de la plataforma, pero es necesario una implicación de una parte mayor en la iniciativa de hacer uso de ella.

Al ser un proyecto de código abierto y tener como objetivo su uso extensivo, deberá buscarse su adopción por parte de otros movimientos sociales, con lo cual se aumentará la fuerza del proyecto y su capacidad para reclutar desarrolladores y recaudar fondos. El círculo virtuoso sobre el que este proyecto debe cabalgar es el siguiente: La utilidad del proyecto empuja su difusión. La difusión aumenta los recursos disponibles. Los recursos repercuten positivamente en el desarrollo de nueva funcionalidad. La funcionalidad propulsa su difusión.

Una parte fundamental del proceso es que, si la plataforma facilita la toma de decisiones democráticas, será mediante su uso como, de forma democrática, se escogerá la funcionalidad que será desarrollada a continuación. Este proceso fomentará la implicación de los usuarios en su difusión, puesto que se ha visto implicado su diseño, y potenciará la implicación de más recursos y más fondos en el desarrollo.

6.-

Conscientes de que la democratización total de nuestra sociedad es un sueño, nos complace saber que está permitido soñar, porque la realización de este sueño sólo depende de que creamos que es posible. El proceso, una vez comenzado, no será fácil, ni rectilíneo, pero si guardamos como premisas fundamentales que los principios de democracia y transparencia han de ser incuestionables, no puede dejar de contribuir a nuestra comprensión de la problemática asociada a la democracia directa y a los retos que implica para el demos hacerse con las riendas de su propio destino.

Salud, paz y democracia

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Diálogo entre pueblos

Hace algunas semanas, empezó a circular un vídeo grabado por la Asamblea de Tres Cantos (España), en el que se intentaba comunicar al pueblo alemán que el rescate a España no rescata a los españoles de las garras de la oligarquía económica y política. Este vídeo ha sido visto 131.234 veces a día de hoy, tiene 1702 “me gusta” y 27 “no me gusta”. Hace unos días ha empezado a circular otro vídeo semejante en el cual la agrupación Blockupy Frankfurt (Alemania) contesta al vídeo español explicando que ellos tampoco se sienten representados por sus políticos, que se avergüenzan de ellos, manifiestan que la diferencia entre ricos y pobres está creciendo en Alemania y que apoyan al pueblo español. al griego, al italiano, al portugués, etc etc.. Mola, ¿no? Este otro vídeo ha sido visto por 52.282 personas de las cuales 688 han hecho click en “me gusta” y 28 en “no me gusta”.

Cuando uno ve el vídeo, tiene la sensación de que el es realmente el pueblo alemán el que habla a pueblo español, porque ellos están respondiendo como si hubiesen recibido un mensaje del pueblo español, lo cual no es cierto. Un grupo pequeño hace un comunicado, y otro grupo pequeño, responde con otro comunicado. Ni siquiera la proporción de me gusta y no me gusta es representativa de lo que la gente, españoles o alemanes (o de dónde sean) piensan de los vídeos. Las personas que han visto uno u otro vídeo, son susceptibles de haberlo recibido de parte de otra persona que los conoce y que sabe que es probable que le guste. Quizá por eso la mayoría de las personas que ha expresado su opinión sobre los vídeos lo haya hecho de forma positiva. En realidad, un grupo muy reducido de personas está detrás de cada uno de los vídeos. A parte de lo emocionante que pueda resultar verlos, o no, no tienen ninguna representatividad, no son expresión genuina de la opinión de “los españoles” o “los alemanes”.

Sin embargo estos dos vídeos vienen a sugerir una posible forma de elaborar la palabra.

Cada uno de los vídeos está probablemente diseñado por un número de personas, posiblemente menor que el de individuos que sostienen y leen los carteles. Podemos suponer que todos estos están fundamentalmente de acuerdo con el comunicado en el que forman parte. No esperamos en este tipo de experiencia que alguien difiera y tenga un cartel de signo contrario al comunicado. Sin embargo esa posibilidad es la que nos interesa a nosotros, que cada uno pueda expresar lo que quiera. para que todos podamos saber qué es lo que piensan todos los demás. La mayoría debe comunicarse con la mayoría en su diversidad y su discrepancia,

Supongamos que realizamos un vídeo en el que cada participante tenga la posibilidad de escribir un cartel y leerlo, durante diez segundos. No estaríamos ya haciendo un comunicado, sino una mezcla, a priori desordenada, de los pensamientos de quienes integran el grupo (el grupo de los que realizan el vídeo, claro). Para asegurarnos de que todo el mundo tiene la misma importancia los minicomunicados individuales se organizarán al azar, y el vídeo se podrá empezar a reproducir por cualquier punto y se repetirá cíclicamente.

Para ser más flexibles podemos imaginar que en vez de un cartel, cada participante puede crear una imagen estática, un fotograma, en el cual puede plasmar, escribir o dibujar lo que quiera. Estas imágenes estáticas irán acompañadas de un sonido, de libre elección, ya sea la lectura del contenido, ya sea música, ya sea lo que el legitimo usuario del fotograma desee. Al principio los fotogramas se reproducirán a un ritmo lento, uno cada diez segundos, y la voz de cada individuo, aunque brevemente, podrá ser escuchada nítidamente. Esto es lo mismo que si tenemos un grupo pequeño de personas. Podemos escucharnos los unos a los otros.

A medida que aumenta el número de participantes del grupo, para que todos tengamos tiempo de escuchar a todos, habrá que aumentar la velocidad a la que se reproducen los fotogramas, uno por segundo, diez por segundo, cien por segundo… o para que un vídeo producido por diez mil millones de personas dure ochenta minutos, tendrán que reproducirse dos millones de fotogramas por segundo, creo, haciendo absolutamente imposible que la contribución de cada individuo en particular tenga repercusión alguna sobre la consciencia del grupo que está a punto de empezar a surgir.

En este estado, la imagen y el sonido que produce una sociedad totalmente desorganizada sería incapaz de expresarse a sí misma lo que piensa. Para hacerse escuchar serán necesario unirse, pactar bloques de fotogramas que permanecerán juntos en la reproducción, y de repente del caos de millones de mentes pensando para si mismas surgirá poco a poco un discurso comprensible que será, por fin, de forma legítimamente incuestionable, la voz de de la mayoría.

Salud, paz y democracia.

 

La Palabra

Imagina que llegase al poder un partido político cuyo único objetivo fuese gobernar de acuerdo a la voluntad de la mayoría. La democracia, en teoría, habría triunfado, pero ¿cómo haría para conocer, en cada instante la voluntad de la mayoría?

Sencillo, entramos en la mente de cada individuo, leemos todas las ideas que hay en su interior, las organizamos, las resumimos teniendo en cuenta cuántos individuos las comparten y las presentamos para que todo el mundo sepa lo que hay en la cabeza de todo el mundo. Repetimos el proceso hasta saber cuáles de entre todas las ideas individuales importan a la mayoría y cuáles no. Las que importen a muchos, que sugieran decisiones de gobierno, harán que todos nos pronunciemos interiormente, y gracias a nuestro mágico sistema sabremos antes o después qué desea la mayoría.

En ese momento, cuando la voluntad de la mayoría sea algo realmente expresable en palabras, cuando hallemos “la palabra” que la expresa, ya no será necesario ningún partido político que gobierne. Funcionarios, representantes, gobernantes, escucharán la palabra y acatarán sus designios.

Admito los pequeños obstáculos a los que se enfrenta mi proyecto. Creo, sin embargo, que podemos diseñar mecanismos sustitutorios. Y ese, señoras y señores, es nuestro reto, articular la palabra que expresa la voluntad de la mayoría.

El día en que seamos capaces de articular la palabra que representa realmente a millones o miles de millones de personas, las cuales se sientan justamente representadas por ella, viviremos en una democracia total. Puede que no sea realmente posible, pero podemos aproximarnos.

No es posible (ni deseable) entrar en la mente de los individuos para saber qué piensan, pero dar a todo el mundo la oportunidad de contribuir de forma igualitaria y constructiva a la elaboración del debate social sí lo es. Es posible hacer que su palabra sea visible por todos, darle a sus ideas la oportunidad de iniciar una corriente de opinión que cambie el rumbo del mundo, entregarle la misma cuota de poder que a cualquier otro en la formación de la palabra

Una vez conseguido esto, ya habremos alcanzado una democracia digna del siglo XXI. El secreto de la democracia no es otra cosa que encontrar la manera en que todo el mundo puede comunicarse con todo el mundo de forma constructiva. ¿Todo el mundo con todo el mundo sobre todos los temas? Pues no, no es necesario que todo el mundo opine sobre todo, a mi en particular hay muchas cosas que me dan igual. Sólo quiero opinar sobre lo que me importa, pero quiero que mi opinión sea tenida en cuenta, que tenga el mismo peso, ni más ni menos, que cualquier otra. Por otro lado es imposible que cada individuo esté informado de lo que quieren expresar otros diez mil millones. Las corrientes de opinión se forman por concentración de opiniones particulares, y esto depende de la manera en que la información fluye en el sistema. ¿Cómo lograr que todas tengan las mismas opciones?

Si tuviese un millón de euros creo que se los daría a quien encontrase la solución al problema.

Cómo representar la información para que, de forma instantánea, sea accesible a todo el mundo, es un problema técnico de gran calado y a la vez de muy poco. El problema será enorme cuando el sistema tenga que albergar a miles de millones de usuarios opinando sobre millones de temas pero por ahora es bastante sencillo, porque sobre lo único que tú y yo tenemos que ponernos de acuerdo es sobre ¿cómo nos ponemos de acuerdo?

Antes de ponernos de acuerdo sobre esto o aquello, hemos de ponernos de acuerdo sobre cómo hacerlo. La cuestión es cómo saber que todos los que queremos opinar estamos de acuerdo en que nuestra opinión está representada en la palabra que nos representa. Echar un papeles en una urna, dejar que un presidente hable en nuestro lugar y esperar cuatro años para poder opinar otra vez no es solución. Eso lo sabemos ya.

El problema de la democracia es sólo un problema de comunicación, y eso ya no es un problema. Es muy fácil hacer que lo que una persona opina sea accesible a todo el mundo. Basta colgarlo en la red. ¿Pero cómo logras tú, cómo individuo, saber qué es lo que opinan los demás? ¿Cómo saber si estás de acuerdo o en desacuerdo con la mayoría?

Las redes sociales, los foros, los chats… todo eso ayuda, pero hace falta rediseñar el flujo de la información global. Esto se pone interesante. Nos encontramos en el próximo post.

Salud, paz y democracia.

Mecanismos de decisión

Si el otro día intentaba ilustrar de forma más o menos lírica el cómo funcionaría un sistema piramidal de representación hoy quiero describirlo de una forma más práctica. Existen ya plataformas informáticas para implementar lo que en otros ámbitos se llama voto por delegación, con esto quiero decir que hay mucha parte del camino andado.

Como veíamos, la pirámide de representación supone en una serie de delegaciones sucesivas del voto que se van concentrando en unos pocos individuos que tiene la potestad de decidir. Para describir el proceso, establecemos una jerarquía en el poder de decisión en lo alto de la cual está el ciudadano y en lo más bajo el representante terminal, lo que hoy en día vienen a ser los miembros del congreso. Es decir, ponemos al ciudadano en la posición de poder y al gobernante en la posición de servicio civil que le correspondería en una democracia total.

Para empezar es necesario presuponer la existencia de una plataforma de acceso público con la que cada ciudadano puede delegar su voto en otra persona. Configurando su perfil de forma sencilla puede elegir de qué actividades políticas ejecutadas en todo el estado quiere ser informado, en qué modo (informes diarios, instantáneos, semanales) y por qué medio. Todo ello sin coste alguno. Supongamos que la persona X quiere saber absolutamente todo lo que se decide en los ámbitos en que ha delegado su voto. Cada vez que su voto es delegado a otro representante de representantes, X es informada de forma instantánea a su teléfono. Cada vez que el representante terminal de X vaya a tomar partido en una votación, X recibe la información con suficiente antelación sobre qué y cuándo se va a votar. Digamos que el calendario político es totalmente público y accesible.

Veamos, según yo, qué debería ocurrir en el instante en que los representantes terminales (aquellos que activamente toman parte en la votación) votan. El resultado global de la votación permanece secreto, pero cada representante intermedio así como el titular del voto es informado (si así lo desea) de forma instantánea de qué es lo que se ha votado en su nombre.

Los representantes intermedios, al ser informados de lo que ha votado el representante terminal, tienen un tiempo pactado para cambiar de voto, el tiempo de verificación. Si un representante cambia el voto todos los de menor nivel, quedan inhabilitados para modificarlo. Sin embargo, el tiempo de verificación empieza a correr de nuevo para los representantes de orden superior, los más cercanos al ciudadano X. Así sucesivamente hasta que si, el representante directo de X cambia el voto, X tiene un tiempo de verificación para reaccionar y cambiar la decisión. A medida que los tiempos de verificación van expirando, la votación se va fraguando, y sólo cuando todos hayan expirado el resultado será definitivo y se hará público.

Huelga decir que cada representante terminal podrá emitir su propio voto de forma separada al voto que, como representante deposita en nombre de sus representados.

Las votaciones de tipo gubernativo no necesitan, por lo general, ser expeditivas, y el tiempo de verificación puede ser de varias horas, o incluso días, pero si es necesario tomar una decisión urgente, el tiempo de verificación puede ser reducido enormemente. Introduciendo mecanismos como el voto por adelantado de los particulares, delegación temporal en algún amigo para que verifique tu voto y otros mecanismos podemos plantearnos tiempos de verificación de hasta cinco minutos. Como en un estado de diez mil millones de habitantes sólo hacen falta seis niveles de representación para que cada representante sólo represente a otros cien individuos, podemos implementar un sistema de democracia inmediata que tenga en cuenta a toda la población terrestre y que sólo retrase la consecución de resultados treinta minutos.

No parece tan complicado. ¿Verdad? Realmente no lo es.

Aprovecho para hacer mención de que el movimiento 5S, en Italia, cuyo programa electoral incluye el concepto de hiperdemocracia, se ha convertido en una de las fuerzas más importantes del país. La hiperdemocracia puede diferir, en forma del concepto de Democracia Total que se desarrolla aquí, pero no en el fondo. Además no es el único movimiento que ha logrado colarse en las instituciones nacionales, pero esto lo dejo par otro momento. Las cosas están cambiando, y el gran cambio va a ocurrir pronto. Incluso si el 5S fuese una banda de charlatanes corruptos, las ideas que defienden son el camino a seguir.

Salud, paz y democracia.

El gobierno de las ideas

Estamos acostumbrados a que nos gobiernen personas. Esto es herencia de los tiempos en que la unidad de un territorio estaba basada en fuerza, y ésta en la capacidad de unos para obligar a otros a ejercerla en su nombre, pero afortunadamente, en los tiempos de la democracia total todo esto es pasado. La mayoría debe elegir entre ideas, no entre dueños.

¿Qué te hace pensar que una sola persona tiene el mejor criterio para decidir qué es lo mejor en sanidad, qué es lo mejor en medio ambiente, qué es lo mejor en economía o qué es lo mejor para que todos seamos felices? ¿Te parece acaso que alguno de los gobernantes de tu país ha estado siquiera remotamente cerca de esta figura de gobernante ideal?

Con muy buena intención se le puede suponer que en pro de la mayoría consultará con los expertos para tomar las decisiones adecuadas. Pero aún así, ¿con qué expertos consultará? ¿No te parece que es empezar la casa por el tejado? En democracia total se hacen las cosas de manera diferente: no son las personas las que gobiernan, sino las ideas. Las personas están ahí para dar forma a las ideas, para elaborarlas, para encontrar nuevas ideas que aglutinen más y más apoyo, para que alcancen mayorías, y sea la mayoría la que gobierne los destinos del mundo.

Para gobernar un Estado hace falta tener en cuenta muchos aspectos de la vida. Nadie es capaz de entender el problema en su conjunto con el nivel de detalle necesario. Sin embargo el conocimiento distribuido entre los expertos de todos los aspectos de la sociedad es monumental. Existen personas que viven en contacto diario con algo, existen personas que se han dedicado a estudiarlo y tienen la capacidad analizarlo, existen personas a las que simplemente les interesa este aspecto y les gusta elucubrar sobre ello. En definitiva, sobre cada aspecto de la vida social y económica existen personas que tiene una opinión relevante. Estas son las personas que deben debatir sobre las soluciones prácticas a tomar al respecto.

El debate político no debe empezar en las oficinas de los partidos cuando se elaboran los programas electorales. El debate político ha de brotar de las discusiones técnicas y prácticas entre los implicados, entre los expertos, entre los interesado, y de ese debate han de surgir las opciones entre las cuales los ciudadanos han de elegir. ¿Cómo?

La articulación del debate político será objeto de varias entradas de este blog, pero por ahora, para simplificar, pensemos que se habla sólo de dos cosas. De sanidad y medio ambiente. ¿Por qué tener que elegir a una persona que te represente en dos campos tan dispares? ¿Por qué tener que elegir entre varios programas, cada uno de los cuales asocia una opción en sanidad, de forma inseparable, a una opción en medio ambiente? ¿Por qué no poder elegir libremente lo que consideras más oportuno en cada campo? Eso es democracia total. Libertad de elección. No verse atado a listas o programas electorales, a preconceptos ideológicos.

En un sistema de representación instantánea no tiene que existir una sola pirámide de representación. Pueden existir múltiples pirámides en las que se discutan distintos temas y en las que se tomen decisiones de distinta índole.

Esto nos plantea dos problemas. El primero es determinar cuántas pirámides de representación son necesarias para gobernar un estado de diez mil millones de habitantes. El segundo, cómo se relacionan las pirámides entre sí. Es decir, ante la disponibilidad de una cantidad finita de recursos, cuántos se destinan a sanidad y cuantos a medio ambiente. ¿Quién y cómo se toman esas decisiones? En la respuesta a estas dos preguntas descansa la posibilidad de establecer en la práctica la democracia total. En este blog encontrarás, en las próximas semanas, propuestas sencillas y concretas, que nos permitirían comenzar a caminar el camino de la democracia total

Por si todavía no te lo has creído todavía, quiero repetirte que la democracia total ya ha nacido. Cuánto tarde en hacerse realidad, cuánto tarde en ser la forma de gobierno en Europa o de otro lugar depende sólo de lo que tú hagas. Tú, la mayoría. Corre la voz, discute, reflexiona. Movilízate por la paz y el diálogo.

Paz, salud y democracia.

Representación piramidal

En el patio de mi casa se reúnen a menudo los vecinos cuando están sacando el correo del buzón, cuando llegan del trabajo, cuando tienden la ropa. Es un patio de un barrio tranquilo. Últimamente la gente habla mucho de lo que está pasando y cuando el otro día les conté estas ideas mías rápidamente me dieron sus testigos de madera.

En la plaza del barrio se reúnen casi todos los domingos algunas personas a discutir en una pequeña asamblea así que me personé un día allí con todos mis testigos y pedí la palabra. Expliqué que yo no me representaba a mí, sino a los vecinos de mi patio que me habían dado sus testigos. Al principio se quedaron sorprendidos, pero luego escucharon con atención todo lo que yo les tenía que decir.

Un par de semanas después la voz había corrido por la red contando lo que estábamos haciendo, y no sólo en mi barrio, sino en muchos otros, la gentes se ha ido organizando así. Cada participante en la asamblea tiene un cartel que indica a cuantas personas representa, se le concede la atención correspondiente y su voto se cuenta como tantos votos como indica ese cartel. Se entiende, en definitiva, que ese número de personas están representados por quien lleva el cartel.

A mí personalmente ya no me apetece tomar parte en la asamblea. Creo que las personas que activamente negocian los temas del barrio, lo hacen mejor que yo, conocen la problemática mejor, y de entre ellas he elegido a alguien para que nos represente. Se lo he comunicado a los vecinos y están de acuerdo, así que le he entregado todos los testigos que custodiaba, pero me han pedido que vigile a esta persona.

En realidad a mi no me gusta tanto la política, así que desde que en las asambleas de barrio se eligen representantes para ir a las de distrito yo sigo sólo estos debates, o los regionales, de vez en cuando en la red y veo qué dicen y qué vota nuestro repre. Nunca he hablado con ninguno de ellos, porque cada cual ha recibido los testigos de los que soy responsable de otras manos, pero sé que todos saben que sabemos lo que hacen.

El otro día, por ejemplo, con el tema del presupuesto local para el servicio de salud, en la asamblea autonómica, mi representante no votó lo que había defendido y me molestó mucho, pero no llegó a mayores. La persona que le dio mis testigos estaba en línea, y antes de que yo tuviese tiempo de reaccionar, en los minutos que siempre se establecen para la consolidación de la votación, los cambió de sentido y votó por mí lo que yo quería. Le mandé unas palabras para darle mi apoyo. Puedo seguir confiando en ella. De no haber sido así, yo mismo lo habría hecho con todos mis votos y le habría retirado mis testigos.

Del mismo modo cada representante observa directamente a sus propios representantes y cuida que ninguno deje de hacer lo prometido. No hace falta seguir sus pasos todo el tiempo. Basta que sepan que sabemos que tenemos el poder de hacerlos caer al suelo al arrebatarles de bajo sus posaderas los testigos de madera a cambio de los cuales se comprometieron a defender nuestros intereses.

Me he encontrado esta mañana con la vecina del tercero y me ha dicho que, como ya había podido comprobar, me retiró su apoyo. Me dice que está muy agradecida, que no es que no se fie de mi, que sí se fía, pero que a fin de cuentas está claro que no tenemos las mismas ideas. Pero esta vez no se lo ha dado a alguien del barrio para que se lo de a otro, para que se lo de a otro. Se lo ha dado directamente a la representante nacional. Dice que confía en ella y que la apoya directamente. Me alegra que ella sepa exactamente lo que quiere. Me alegra que sea libre de escoger. Al fin y al cabo, de eso se trata la democracia.

Es gracioso que todo empezase tan tontamente, cuando aquellos vecinos pusieron en marcha un servidor para implementar el voto instantáneo. Yo creo que funcionó porque a la gente le gusta saberse dueña de su destino. ¿A tí no?

Paz, progreso y democracia.

Representación instantánea.

Imagina que en vez de ser un pedazo de papel echado en una urna, tu voto es un testigo de madera en cuyo interior está escrito tu nombre a fuego. Sólo tú lo conoces, pero puedes en cualquier momento comprobar y demostrar que es tuyo.

Las elecciones serían una especie de mercadillo constante en las que los políticos se pelearían para ganar tu voto y con él se comprometerían a representar una u otra opción de la ciudadanía, e irían recogiendo en cestas o carretillas los trocitos de madera que nosotros les entregásemos. Estos mágicos trozos de madera les darían inmediatamente un poder proporcional a su número, y llevándolos consigo se dirigirían al foro para defender los intereses de quienes en ellos hubiesen confiado. Para hacerlo se sentarían encima de su montaña de testigos, la altura desde la que hablasen sería un claro signo de la importancia de sus palabras y el peso de sus argumentos. En democracia, al fin y al cabo, lo único que importa es el número de individuos que respaldan una idea. Esto puede ser chocante, pero es así, simple y llanamente.

Imagina también que puedes sentarte a contemplar el debate como si de un juego más se tratase, para escuchar y observar lo que, sentado sobre su montón de testigos, el político a quien le has entregado tu voz dice y hace en tu nombre. Imagina que no te parece bien. Imagina que no hace lo que prometió, que te sientes traicionado. Entonces, sin necesidad siquiera de enfurecerte, haciendo valer tu poder sobre tu testigo, lo reclamas mágicamente a tus manos y desaparece de debajo de las posaderas del traidor. Lo haces en ese instante, sin esperar cuatro años. Imagina que todos los que se sienten traicionados hacen lo mismo, y que la montaña de testigos desde la que el politicastro de turno violaba el espíritu de la democracia se desvanece bajo sus pies dejándolo en el suelo, o sobre una triste montaña de los testigos de sus acólitos, rodeado de la carcajada unísona del pueblo que se sabe dueño de su voto. ¿No te parece maravilloso?

Eso es la democracia total. Una democracia instantánea.

Quizá no existen mágicos pedacitos de madera que vuelen a nuestras manos cuando los invocamos, pero afortunadamente para la democracia futura, estamos en el siglo XXI. Tu voto puede ser una clave que prestas a una u otra persona para que te represente, un código que controlas desde tu ordenador, desde tu teléfono o desde el de una amiga, desde el ciber de la esquina. No es tan difícil de imaginar. No es tan difícil de realizar. Hoy en día la representatividad instantánea, el voto mágico, no es una utopía, si no una elección posible.

Si tú eres una de esas personas capaces de poner en marcha un mecanismo semejante, en tus manos está ayudarnos a cambiar el mundo. Si para tí el programar un servidor es un juego de niños, si te mueves en la red como pez en el agua, trabajas en una organización de software libre, ¿a qué esperas para empezar a hacerlo? En vez de sentirte impotente ante los sucedáneos de democracias en las que vivimos, empieza a darle vueltas a la idea. SI no se te ocurre nada, sigue leyendo las próximas semanas. Si ya has tenido una idea, haz un prototipo. Conviértelo en un juego, basta que, a modo de experimento, empecemos a usar un sistema parecido para que la bola de nieve empiece a crecer. Desde que el primer sistema de representatividad instantánea esté en marcha hasta que la democracia total sea la forma de gobierno en Europa no hay más que un pequeño paso. Puedes dar el paso y hacer que ocurra, o ver como ocurre, porque va a ocurrir. Elige.

Puede que sepas poco o nada de informática, no importa. ¿Conoces a alguien que sea capaz de ponerse en marcha? Anímale a que lo haga, a que se ponga a la labor. ¿No lo conoces? Tampoco importa. Haz circular el mensaje, reflexiona sobre todo esto y discútelo con los que te rodean. En las próximas semanas, si lees este blog, espero que tengas argumentos para convencer a cualquiera que crea en la igualdad, de que en el siglo XXI en Europa sólo la Democracia Total tiene sentido. Atrévete a creer que nuestra sociedad se puede gobernarse a sí misma. Atrévete a hacerlo realidad.

La Democracia Total ha llegado para quedarse, bienvenida.

Paz, salud y democracia.