Individualismo, socialismo y democracia

Es un error común pensar que el socialismo es una doctrina económica que implica la estatalización de los medios de producción. El socialismo es el concepto que subyace a esta doctrina económica, pero que puede también ser lo que motiva otras formas de convivir. En un momento dado se consideró que la socialización total de los medios de producción era una buena idea, y ahora entendemos que dista de ser ideal. Lo importante no es tanto quién posee los bienes y cuáles son las normas del mercado laboral, sino cual es el objetivo que queremos lograr cuando elegimos esas normas de convivencia en vez de otras.

El socialismo es la creencia de que voy a vivir en un mundo mejor si lo hago rodeado de gente que vive bien. El socialismo es profundamente egoísta. Si yo soy socialista es porque deseo vivir la única vida que tengo en un mundo mejor. Me importa un pepino cuáles sean las leyes del mercado y de la propiedad siempre y cuando me pueda pasear sin miedo por un mundo en el que no haya menores sin comida o sin escuela, enfermos sin medicina, o trabajadoras sin dignidad. Incluido yo.

He convivido lo suficiente con la pobreza y la riqueza del mundo para entender que es mucho más importante vivir en una sociedad en la que no tengo nada que temer que tener un buen coche o una casa con piscina. Por eso soy socialista. Soy profundamente egoísta en mi socialismo. El socialismo no es generosidad, aunque la generosidad si es socialista. Lo contrario al socialismo es el individualismo. El egoísmo es individualista, pero el individualismo no es necesariamente egoísta.

El individualismo es la creencia de que uno va a vivir una vida mejor defendiendo sus propios derechos y pertenencias. Es perfectamente legítimo ser individualista, incluso ser egoísta. Las cuestiones que hemos de plantearnos son dos: Por un lado, si queremos una sociedad que premie la generosidad y la solidaridad o una sociedad que recompense el egoísmo y la avaricia. Por otro, qué normas hemos de hacer valer para que los valores que hemos elegido sean los que prevalezcan.

Según los últimos datos que he leído, hay más estadounidenses asesinados por niños pequeños jugando por armas que por terroristas yihaidistas. Nada se hace para evitar lo primero mientras que el mundo está patas arriba con la excusa de capturar a los segundos. Supongamos que los datos son ciertos. Una de los argumentos principales de quienes en ese país defienden la tenencia de armas es que cada individuo está más seguro si se puede defender de una agresión, pero la evidencia demuestra que la posesión de las armas introduce un riesgo en sus vidas en muchos grados superior (si incluimos otros factores) al que elimina. Esa motivación, cuando es honesta, es social, pensar que es mejor para todos, pero aparentemente equivocada. El socialismo es progreso en el sentido de que su obligación es revisar la eficacia de sus medidas, cuestionarlas y modificarlas constantemente intentando lograr siempre un mundo mejor.

En buena lógica el socialismo es el camino de la paz puesto que si todos buscamos el bien común se reducirán las causas de conflicto. En buena lógica no debería de ser tan complicado ponernos de acuerdo en nuestro objetivo final si nos beneficia a todos. Si buscamos normas que favorezcan a la mayoría, esas normas deberían emanar sencillamente de un proceso democrático. Esa, y no otra es la naturaleza de la socialdemocracia. Buscar en común el bien común. Cualquier principio, postulado o teoría económica que en el pasado haya defendido el socialismo o la socialdemocracia, si objetivamente se interpone entre la sociedad y su bienestar es una rémora ideológica de la que hay que deshacerse, pero no debemos aceptar doctrinas económicas por su valor abstracto o principios “superiores”, sino porque podamos comprobar su eficacia en resolver los problemas prácticos de nuestra sociedad.

Salud, paz y democracia

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Libertad y poder

 

La libertad es la capacidad de decidir sobre tu propio destino y el de tus bienes. El poder es la capacidad para decidir sobre el destino y los bienes de los demás. El ejercicio del poder sobre un tercero manifiesta una pérdida de libertad por parte de éste. Poder y libertad son por lo tanto dos caras de la misma moneda. Cuanto más poder detentan sobre ti, menor es tu libertad. Si en la sociedad hay unos pocos que tiene mucho poder, esto implica que los demás tienen muy poca libertad.

Podemos llamar capital a todo lo que aumenta si es debidamente invertido. Si el que tiene poder lo invierte adecuadamente en obtener más poder, éste aumenta. El poder es por lo tanto una forma de capital.

El capital monetario es por supuesto la forma fundamental de ese poder y las normas que regulan los intercambios monetarios son en realidad una normalización de los intercambios de poder y una herramienta para que éste poder se pueda multiplicar en manos de quiene más ostentan, en detrimento de la libertad de los demás.

La información también es otra forma de capital. Puede invertir la que tienes en adquirir más, o desperdiciarla. La legalidad democrática es sin duda otro ejemplo de bien capitalizable, puesto que debidamente invertida fomenta las condiciones que propician la democracia. Puede fortalecerse y extenderse. La democracia, como el dinero o el poder, se pueden desperdiciar y arruinarse. Depende de como la usemos.

La libertad es sin duda la forma de capital más importante en nuestras vidas. Eres libre de usar la poca libertad que te han dejado en lograr más libertad o usarla para encerrarte en un cuarto y tirar la llave. Para que tu libertad real aumente, para poder vivir libre de la cárcel del miedo, para que la calle y la noche no signifiquen peligro, es necesario vivir en un mundo justo e igualitario, es necesario contribuir a la libertad de los demás y que cada uno detente tanto poder como ello resulte útil para la sociedad. La mejor forma de conseguirlo es sin duda una democracia vigorosa donde las decisiones sean tomadas por el bien común de acuerdo a los designios de la mayoría.

Puedes elegir usar la libertad de la que todavía gozas, que no es demasiada, en la construcción de una democracia que garantice tu libertad personal y tu derecho a tener esperanza en una vida mejor. También puedes invertir esa libertad en tomar parte irreflexiva en el gran juego que el poder mundial ha puesto en marcha para sustentarse haciéndose dueño de nuestro tiempo y encauzando nuestras necesidades y deseos hacia su propio beneficio.

Invierte tu libertad en adquirir libertad. Verás, si lo haces sabiamente, que produce grandes réditos, aunque esa libertad indudablemente tiene un coste, puesto que ha de ser protegida, cuidada. El precio de tu libertad es tu compromiso por participar en el proceso democrático, pero eres tú la que elige cómo, hay muchas formas.

Si elegimos correctamente cómo invertir nuestra libertad el valor del capital monetario se verá reducido frente al capital humano total. Las personas valdrán más, las malas intenciones menos.

Salud paz y democracia.

Democracia Total 2017

1.- Introducción

Antes de que empieces a leer, déjame que apunte esto no es un post de 500 palabras. Esto es un artículo algo largo que resume y actualiza los contenidos más importantes del blog. Hace tiempo que empecé a desarrollar los conceptos expuestos en él. Desde entonces han pasado bastante cosas en el mundo de la democracia, he leído cosas, oídos cosas, vivido distintas experiencias que han hecho madurar mis ideas. Por otro lado, he pasado de escribir artículos en un blog de escasa difusión a la actividad política propiamente dicha, a tomar parte en varios movimientos sociales, lo cual me ha obligado a contestar muchas preguntas sobre mis ideas y a plantearme las cosas desde un punto de vista práctico y no solo teórico. Responder a las dudas que la gente constantemente expresa sobre la posibilidad de mejorar la calidad de la democracia no han hecho más que reafirmarme en mi convicción de que es posible. El hacerlo me ha proporcionado una visión más clara de los distintos aspectos que he intentado tratar a lo largo del tiempo en este blog.

Este artículo responde a dos necesidades. La primera y fundamental es contestar a la gente que a estas alturas me pregunta “qué es eso de la Democracia Total” sin tener que remitirlos a la lectura de todo el blog. La segunda es estructurar y resumir su contenido al tiempo que actualizo las ideas anteriormente expuestas sobre cómo es posible cambiar el mundo a golpe de democracia, contestando de paso a las objeciones más frecuentes que he escuchado a la posibilidad de una democracia participativa eficiente capaz de controlar a los poderes económicos. Aunque cada día que pasa me gusta menos el nombre que en su día elegí, seguiré refiriéndome al modelo como Democracia Total, aunque siempre hubiese sido preferible referirse a ello simplemente como democracia.

2.- Un intento de definición de la Democracia Total

Una Democracia Total es un sistema de delegación y representación en que el poder de los representantes públicos está en todo momento y de forma inmediata subyugado a la voluntad de quienes representan. Es un sistema en que la opinión de cada persona a la hora de tomar decisiones tiene exactamente el mismo valor y en el que lo importante NO es QUIÉN proponga una idea sino LA IDEA en sí, el nivel de apoyo que recabe entre la ciudadanía. Por lo tanto una Democracia Total ha de disponer de medios de información horizontales y mecanismos de diálogo a gran escala que permitan a esas ideas fluir libres de censura e influencias interesadas, impidiendo a unos pocos controlar la “opinión pública” o establecer una “verdad oficial”. Es necesario hacer hincapié en que la Democracia Total requiere un nivel elevado de participación ciudadana para desarrollar resistencia a la corrupción, aunque no requiere la utópica participación de toda la ciudadanía en constantes procesos de discusión y referéndum. En una frase se podría decir que una democracia total es una sociedad en que todas las personas tiene el mismo poder de decisión política al margen de que lo quieran ejercer o no.

3- Praxis de la Democracia Total.

Aunque más abajo se discuten las objeciones más frecuentes a la posibilidad de que el ser humano disfrute de una sociedad auténticamente democrática, aceptemos por ahora que la Democracia Total no es inalcanzable. Aceptemos al menos que su búsqueda puede producir un aumento en el grado de harmonía social. ¿Cómo sería esa posible puesta en práctica de la democracia total?

Debemos plantearnos dos cuestiones aparentemente independientes.

  • La primera es qué tipo de estructura organizativa o que mecanismos gozan de las propiedades que nos permiten clasificarla como una democracia total, o siendo más prácticos, qué tipo de estructuras confieren al ciudadano mayor poder y al gobernante menos, qué tipo de estructuras tienen más probabilidades de producir decisiones que conduzcan a la paz y al bienestar de los pueblos en vez de perpetuar en el poder y en la riqueza a unos pocos al precio de la violencia ejercida de forma indiscriminada sobre los demás.
  • La segunda pregunta es cómo podemos poner en práctica esos mecanismos, cómo podemos cambiar la forma en que nos organizamos venciendo no sólo la natural resistencia que oponen y opondrán siempre aquellos que hoy por hoy tienen la sartén por el mango, sino también la inercia social, la resistencia de quienes se nutren de las actuales instituciones y el miedo al cambio inherente a las sociedades.

Estas dos preguntas no se pueden responder de forma aislada y es imprescindible comprender que, por bueno que sea, ningún modelo teórico de democracia participativa tiene validez alguna si no está siendo utilizado para tomar decisiones vinculantes que repercutan en el funcionamiento de la sociedad. La teoría de la Democracia Total no sirve de nada si no es puesta en práctica.

Si un modelo organizativo es suficientemente eficiente como para permitir la toma de decisiones democráticas por parte de un grupo, su adopción por parte de un número creciente de individuos y su legitimación son si cabe más importante que la eficacia teórica del mismo. El desarrollo de brillantes modelos podría iluminar nuestro camino, pero sólo en la medida en que podamos implementar en la práctica sistemas de organización que nos hagan avanzar hacia esos ideales a partir del punto en que nos encontramos. Para una desarrollo más sesudo de este tema puedes leer el artículo “Un proyecto factible

Es decir, hemos de preguntarnos al mismo tiempo por la naturaleza del modelo a usar en el futuro y por la forma de acercarnos al él desde el presente. Muy probablemente el transcurso de los acontecimientos durante la puesta en práctica del modelo práctico transforme el modelo teórico, pero es no importa. Lo que importa es que el modelo en uso esté legitimado en cada momento por la aceptación de quienes lo usan y proporcione al grupo en cuestión la capacidad de adoptar modelos subsiguientes mediante los cuales avanzar en dirección al horizonte de la democracia total.

En palabras quizá menos complejas. Es necesario que encontremos y usemos un sistema organizativo capaz de producir eficientemente decisiones sobre cuya legitimidad estemos de acuerdo y que, a medida que el número de participantes en el proceso aumente, permita que éstos modifiquen el sistema para adecuarlo a las condiciones en los que es usado. Recordemos que a nivel político el proceso no habrá servido de nada hasta que ese número alcance el valor “suficiente” que se justifica a más abajo.

4.- Masa crítica de la democracia total

4.1 Suficientes no son todos.

Tal y como desarrollo en el artículo “Why Democracy?” el objetivo de la democracia es aumentar el número de personas que toma parte efectiva en el proceso de toma de decisiones. El principal mal de la democracia actual es que es muy barato para el gran capital comprar la voluntad de quienes durante cuatro o más años disponen de la facultad de tomar decisiones en representación de quienes los eligieron. Si comprando a diez ministros y unos cuantos jueces se maneja a cincuenta millones de individuos está claro el camino a seguir para los lobbies corporativos. Todo el mundo tiene un precio, aunque sea el miedo. Si esos ministros no pudieran tomar ninguna decisión sin el consentimiento de tan solo diez mil personas elegidas al azar, el precio a pagar por comprar a la sociedad sería mucho mayor. Idealmente, si las decisiones fuesen tomadas por toda la sociedad, el gran capital sólo podría seguir manteniéndose en su poder permitiendo que la sociedad viviese en condiciones suficientemente agradables como para poder permitirse no participar en políticas. Admitámoslo, la pasividad política es alarmante pero aunque no parezca que se pueda evitar, creo que gran parte de la dejadez que observamos tiene que ver con la sensación de impotencia, la noción de que nuestra voz y nuestros actos son insignificantes en el rumbo que toma nuestra sociedad. Evidentemente, si una persona supiese que su voz de hecho podría cambiar el sentido de una decisión sería mucho más susceptible de hacerse oír que si sabe que su presencia en una manifestación va a ser borrada de la memoria social por medio de falsedad en las noticias e informes policiales. Sobre todo si en vez de tener que pasar tres horas a la intemperie su activismo social puede limitarse a leer algunos artículos semanal o mensualmente, escribir un párrafo si siente necesario señalar un aspecto nuevo del tema a decidir o apretar un botón en una app.

Una democracia viva y activa, que busque la participación ciudadana como contrapeso a la influencia de los grandes poderes económicos ha de posibilitar un diálogo constante del que emanen las decisiones que habrán de ser llevadas a cabo por funcionarios del gobierno cuyo peso en la decisión ha de ser igual al de cualquier otro ciudadano, y que han de gozar de tal nivel de trasparencia que cualquiera pueda verificar que la decisión democrática se ha ejecutado de acuerdo a la voluntad que expresa. Un sistema tal permitiría a quienes sí estamos dispuestas a participar en la gestión de lo publico a tomar parte en dicho diálogo y en las reflexiones que nuestra sociedad debería estar llevando a cabo, cuestiones tan fundamentales como el medio ambiente, la igualdad de género, la pobreza en el mundo o el futuro de la humanidad.

Todas esas personas con inclinación política que participaríamos quizá del sistema, formamos parte de núcleos sociales de distintos tipos a cuyo futuro se encuentra ligado el nuestro, al defender egoístamente nuestros intereses defenderemos el de quienes nos rodean. Yo estimo que con que una de cada mil personas estuviese implicada en el gobierno de la rex pública estaríamos en buenas manos. Una de cada mil personas está probablemente suficientemente implicada en política como para dedicarle unas cuantas horas por semana. No es tanto, pero es todo lo que hace falta para empezar.

4.2- El problema de los grandes números

El número de participantes es el ingrediente fundamental de la democracia, pero es precisamente aumentar el número de participantes lo que tradicionalmente ha dificultado la cuestión. La imposibilidad hasta la fecha de organizar un debate productivo entre miles de personas es lo que ha derivado en las democracia representativas que tan fácilmente han podido corromper los poderes “fácticos”.

Es evidente que de forma natural el diálogo entre más de diez o veinte personas resulta difícil y la organización de más de cien individuos parece imposible sin la delegación de la responsabilidad en representantes, electos o no. Digo explícitamente “de forma natural” porque esto deja a un lado la realidad innegable de los medios de comunicación modernos. Existen ya aplicaciones informáticas del tipo Appgree que permiten saber lo que piensan con respecto a un asunto particular grupos humanos multimillonarios en cuestión de horas, si no minutos. Sin embargo estas aplicaciones no nos han llevado todavía a las puertas de la democracia total. Por tres razones.

  • La primera y fundamental es que aún no ha habido tiempo para llevar el proceso a buen término.
  • La segunda es que suelen ser aplicaciones que busca una rentabilidad en el mercado, suelen tener objetivos específicos, limitándose a rellenar un hueco particular del ágora virtual y no abarcando el problema en todas sus dimensiones, lo cual obliga a que los grupos de activistas tengan que recurrir a multitud de herramientas simultáneamente, dejando así fuera de la conversación a los menos tecnológicamente orientados. Además, esta dispersión de la información, con documentos en una plataforma, votaciones en otra y discusiones en otras varias más, complejiza los procesos y les resta transparencia, pues queda en manos de los activistas la tarea de sincronizar todas las herramientas con la misma información, introduciendo multitud de errores en el proceso. Por ejemplo, una organización que utilice por un lado Telegram, por otro una lista de distribución y por otro un canal de Slack tenderá a tener tres grupos aislados que mantiene conversaciones paralelas, no necesariamente coherentes porque pocos de los activistas podrán estar pendientes de los tres canales al mismo tiempo. Pero no hay que desesperar, ya hay numerosas organizaciones que trabajan sobre proyectos integradores, tales como democracyOS cuyo objetivo es claramente el adecuado.

  • La tercera razón por la que a mi parecer ninguna de estas plataformas funciona realmente es que aunque muchas de esas herramientas cuentan con comunidades que proponen modificaciones e ideas, la evolución de las herramientas no responde al resultado de un proceso democrático mediante el cual los usuarios deciden nuevas funciones y características de la plataforma. Los usuarios del sistema deben decidir democráticamente los cambios en la estructura organizativa del mismo para así garantizar su afección y la legitimidad del mismo.

Sin embargo, aunque en un principio me obsesionaba la idea de construir la plataforma de democracia perfecta, he llegado a la conclusión de que esto sería empezar a construir la casa por el tejado. Cualquier herramienta, cualquier plataforma, ha de ser un instrumento para facilitar el intercambio entre los individuos en su afán por construir una democracia. Independientemente de que sea en línea o en directo, el número de individuos con los que se puede mantener un diálogo constructivo está limitado por nuestra capacidad intelectual. Podemos votar junto a mil millones de personas, pero no podemos escucharlos a todos individualmente. La clave de la democracia son las estructuras de relaciones humanas que articulan la sociedad, no las aplicaciones informáticas que permiten votar. Lo interesante de internet es que permite que esas estructuras humanas estén geográficamente deslocalizadas, que tengan la visibilidad exterior y la persistencia (memoria) que requiere la transparencia, pero esas estructuras sociales deben diferir de las pirámides de representación que observamos ahora con amplias bases de ciudadanos que se limitan a votar cada demasiado tiempo y cimas de poder, estrechas como puntas de alfiler, en las que apenas unas docenas pueden poner el pie.

5 Soluciones posibles al problema de la Democracia Total

A lo largo del blog, subtitulado no sin razón “Ideas para cambiar el mundo”, he intentado desarrollar una serie de conceptos los cuales considero que podrían ayudar efectivamente, a hacerlo a golpe de democracia. Cada uno de estos conceptos se desarrolla en uno o varios mecanismos o estructuras sociales. Los elementos más importantes del modelo propuesto probablemente sean los siguientes:

  • Representación inmediata.
  • Delegación transitiva
  • Gobierno de las ideas
  • Participación opcional

5 .1 Representación inmediata

La representación inmediata implica que en cada instante cada cual puede decidir si quiere representarse a si mismo o delegar su voz y voto en otra persona. Esto implica que si la persona en quien he delegado mi voto lo utiliza de forma contraria a mis intenciones tendré la opción de, en un tiempo previsto de antemano, rectificarlo o entregárselo a otra. No deberíamos esperar cuatro años para decidir que nuestros gobernantes no están ni siquiera intentando implementar el programa político por el que depositamos nuestra confianza en ellos.

5.2 Delegación transitiva

Por otro lado está claro que no podremos hablar con las altas instancias todos los días, aunque sólo sea porque quienes ocupan cargos de responsabilidad no tienen tiempo para hablar con “todo el mundo” con regularidad. Por ello es más conveniente, si decidimos delegar nuestro voto, hacerlo en alguien que esté más pendiente y mejor informado que nosotras, pero a quien podamos pedir explicaciones directamente sobre sus declaraciones o elecciones además de tener un punto de contacto de confianza que nos ayude a orientarnos en el marasmo de la información que nos rodea. Estas personas que desarrollan una actividad política medio-baja, conocerán por la naturaleza de su actividad a otras que tengan una actividad política mayor en quienes podrán delegar su voto para unir fuerzas con personas de otros círculos geográficos o sociales. Estos delegados medios serán suficientemente accesibles como para que si yo pido explicaciones a mi delegado éste pueda hacerlo al suyo. Se establece entre los distintos niveles de delegación una relación de confianza favorecida por una posibilidad de control directo e inmediato. Esta delegación transitiva hace que el control sobre la clase política derive de relaciones de confianza mutua, una confianza que se puede justificar con hechos demostrables y que se ha de mantener a través de hechos demostrados. En un país como España no harían más de cuatro a seis niveles de delegación para que todo el mundo estuviese adecuadamente en contacto con los mecanismos de poder. De esta forma garantizaríamos que los “programas electorales” serían llevados a cabo o los representantes perderían su cargo.

5.3 Gobierno de las ideas

No obstante, una de las mayores lacras del sistema de partidos es que, incluso si éstos realmente genuinamente intentasen ejecutar sus programas electorales el votante tiene que decidirse por uno u otro, siendo imposible elegir los mejores elementos de cada programa. Veremos asociadas en un mismo program ciertas políticas ambientales a unas políticas económicas o educativas concretas, no pudiendo elegir nuestras opciones preferidas para cada uno de estos temas si están reflejadas en los programas de tres partidos distinto. En Democracia Total no gobiernan los partidos o las personas, sino las ideas. Aunque este concepto está desarrollado más ampliamente en otro post, digamos que las decisiones en distintas áreas son tomadas mediante distintos sistemas de representación, algo equivalente a lo que viene a ser hoy en día los ministerios pero integrados por gente como tú o como yo. No todo el mundo está interesado en participar en el debate político, pero de entre los que sí lo estamos hay quienes no tenemos mucho que decir, por ignorancia o falta de motivación, sobre temas específicos como la sanidad pública, la educación o la producción de energía pero sí sobre otros. Aún es más, hay personas que a lo mejor no se siente tentadas por la vida política pero que si tiene mucho que decir sobre la gestión de las redes de transporte u otros asuntos específicos de interés común. Son esas personas y sus opiniones las que necesitamos para gestionar nuestra sociedad y de cuyas ideas deberían emanar las soluciones a los problemas de nuestra sociedad. Así pues cada pirámide de decisión se ocuparía de un área de la gestión social. No tendríamos un presidente dando órdenes a un ministro, sino un ministro informando al presidente de lo que hay que hacer, porque así se ha decidido democráticamente partiendo de la opinión de los expertos y de la gente de la calle.

5.4 Participación opcional

Así pues nos encontramos frente a un sistema en que cada persona puede intervenir tanto como considere oportuno en el gobierno de la nación, tan frecuentemente como lo considere oportuno y en tantas áreas de lo público como desee. Puede dejar en manos de otros la toma de decisiones ya sea delegando su voto en otra persona y absteniéndose de participar personalmente. En cualquiera de los casos, independientemente de que esta persona quiera o no participar, o en qué medida lo haga ha de existir un portal de transparencia en el que pueda ver en cada instante todo lo que en su nombre se ha hecho, y quien lo ha hecho. Si quiere poder tomar parte en las decisiones o asegurarse de que su voto se usa adecuadamente, podrá activar alertas en el sistema que le avisarán de antemano sobre debates y votaciones, así como en el momento en que se produzca de la forma en que su voz se haya utilizado permitiéndole así rectificar.

 

6 Estructura del debate social.

La construcción del debate social es quizá la piedra angular de la sociedad y probablemente el problema lógico y social más difícil de resolver. Lo primero que nos hemos de preguntar es qué es el debate social. Para mi, si consideramos a la sociedad como un solo ser, el debate social es el flujo de información que permite a todas sus partes, en la medida de lo posible, hacerse consciente de lo que piensan todas las demás y hacerles llegar su propia opinión. Evidentemente esto es imposible de lograr a nivel individual, pero afortunadamente quienes somos hijos de un mismo tiempo nos debatimos interiormente entre un número bastante reducido de ideas concernientes al uso de cada aspecto de lo público. Es decir, con respecto a cada pregunta podemos agrupar las respuestas de nuestras conciudadanas en un número finito de grupos dentro de los cuales éstas coinciden aproximadamente. Tener un conocimiento profundo de lo que opina la sociedad en un cierto tema sería conocer con la mayor aproximación posible todas las respuestas más características así como el número de individuos que comparten cada una. Más allá de las respuestas, lo que nos debemos preguntar es por los asuntos que preocupan a la sociedad, por las preguntas mismas.

El mayor reto al que creo que nos enfrentamos es precisamente estructurar este debate social. Si lo lográsemos, si en cada instante pudiésemos saber qué piensan los demás sin tener que pasar por las interesadas declaraciones de sus representantes, sería muchísimo más fácil encontrar posiciones de consenso y por lo tanto paz y harmonía. Si la máquina de la democracia que permite al grupo como ente unitario conversar consigo mismo estuviese en marcha la democracia total sería un hecho inevitable, la solución propuesta pasa por establecer un control democrático del discurso grupal y los medios de comunicación.

El proceso de difusión de la información, una vez elaborado el “resumen” es muy sencillo. Los medios de comunicación de masas están para eso. Evidentemente es necesario que éstos sean independientes y fieles a su código deontológico, quizá que su contenido fuese el resultado de acciones colaborativas en que la relevancia de las noticias fuese resultado de la importancia que les concede la ciudadanía, o al menos que sean seleccionadas por redactores y periodistas que cuentan con el apoyo de la ciudadanía, no del gran capital. Esto generaría una esfera de debate público policromado e independiente que permitiría realmente reflexionar sobre cómo resolver los problemas en vez de luchar por lograr posiciones ideológicamente fijadas con anterioridad.

En el debate social, tal y como se define más arriba, hay dos direcciones en las que fluye la información. Una es de lo global a lo individual, que no presenta dificultades insalvables. La otra requiere soluciones novedosas para resolver un problema realmente complejo. Se trata de generar lo global a partir de las opiniones individuales.

El sistema de delegación piramidal descrito anteriormente es de hecho una forma posible de acercarnos a esta solución. En la construcción del debate cada ciudadana puede contribuir su granito de arena y su representante trasladarlo hacia la punta de la pirámide en la medida que se compartido por muchas otras personas. Sin embargo es muy importante que el ciudadano tenga varias opciones en quien delegar su voz. Lo deseable sería que si tú eres mi representante habitual pero en un campo determinado no estás de acuerdo conmigo fueses capaz de dirigirme hacia otra persona cuya opinión sea más parecida a la mía. Aunque estarías de hecho perdiendo “un voto” voluntariamente, estarías estableciendo un vínculo de confianza que a la larga podría granjearte mi apoyo en otros asuntos en los que mi opinión no está tan bien formada. La estructura piramidal es una mala solución al problema porque se basa en la buena fe de quienes han empezado a ascender por la pirámide de representación. La estructura asamblearia no puede ser implementada a gran escala. ¿Cual es la solución?

La ideas que presento a continuación está todavía en fase de desarrollo, y está esbozada en uno de los últimos post de otro blog relacionado con el movimiento DiEM25, desde el cual algunos estamos intentando crear este tipo de estructuras de debate que pueden dar pie a una democracia interna de base y participativa. El concepto se base en la estructura de círculos o nodos que se puede encontrar en una gran parte de movimientos sociales e incluso partidos políticos modernos. El problema que representa esta organización es que suele haber en cada círculo un coordinador que actúa de filtro y cuello de botella de las ideas que fluyen en ambas direcciones, o que el nodo ha de manifestarse de forma unitaria, perdiéndose así diversidad de opiniones. Es necesario que el círculo tenga información directa de varias fuentes y que se pueda expresar por varios medios. Los canales de comunicación han de ser redundantes. Si al menos dos o tres personas de cada círculo participan en otros círculos diferentes, y si algunas personas participan en tres o más aunque sea esporádicamente, tendríamos una estructura formada por círculos interconectados a través de la cual las ideas y los problemas fluirían a gran velocidad de un punto del tejido social al otro. Los círculos de actividad pueden ser específicos para una pirámide de decisión o no, ahora ya no importa la estructura de decisión, sino las relaciones humanas. Recordemos a estas alturas la premisa de que no es necesario que participemos TODAS en la construcción de lo global, sino que participemos SUFICIENTES. La base de cada pirámide de decisión estará formada por redes sociales fuertemente interconectadas que se encuentran cercanas a los problemas reales y son capaces de verificar lo adecuado o no de una solución propuesta. Los individuos en quien se deposite la confianza serán aquellos que por su implicación en la vida política tengan contacto con más personas así mismo implicadas y quienes sean capaces de producir ideas que generen consenso, o al menos acuerdo. De hecho, el interior de la pirámide puede ser concebido como una serie de círculos entrelazados y superpuestos. En los que ocupan la parte superior de la pirámide se encontrarían los individuos que participan en más círculos que posiblemente coinciden con quienes representa a más ciudadanas.

7.- La Democracia Total es posible

La cuestión que nos debemos plantear urgentemente es si la Democracia Total es posible, si tiene sentido su búsqueda, y mi respuesta al respecto es muy clara: si no lo intentamos nunca lo conseguiremos e incluso si lo intentamos puede que nunca lo logremos, pero los potenciales beneficios sociales de regenerar la democracia occidental son tan enormes que cualquier avance que logremos merecerá la pena. Por lo tanto la Democracia Total ha de ser un objetivo, un faro que marque nuestro rumbo en la transformación pacífica de nuestra sociedad. Probablemente la Democracia Total sea inalcanzable y casi con certeza indeseable. La misma palabra “total” suena poco democrática. Sin embargo no ha de preocuparnos tanto la posibilidad de implementar un modelo teórico determinado, que es lo que nos ocupa, sino la resistencia que presenta la gente a creer en la posibilidad de avanzar hacia una auténtica democracia participativa.

La primeras respuestas a estas ideas son siempre negativas, “es imposible”, dicen. Los argumentos más frecuentes defendidos por aquellos pesimistas que justifican el status quo de nuestra sociedad como un mal inevitable son los siguientes:

1.- Da igual el sistema de gobierno aparente porque los poderes fácticos, principalmente el económico, siempre encontrarán la forma de corromperlo.

2.- Es imposible que la gente se ponga de acuerdo porque el ser humano es muy complejo y en seguida sus proyectos sufren por la aparición de egos, ambiciones, rencores y rencillas.

3.- El voto electrónico necesario para una participación frecuente es frágil y susceptible de ser hackeado.

4.- El poder instantáneo en manos de las masas sólo puede producir desastres.

He de decir que a ojo de buen cubero el noventa por ciento de las personas con las que he hablado comparten todos o algunos de estos de puntos de vista. No obstante, a todas estas objeciones se puede responder, por el momento, de forma bastante sencilla. Empecemos por el principio:

7.1 Sociedad organizada frente a individualismo

La batalla contra la naturaleza humana y su egoísmo no tiene fin, pero se lleva luchando desde hace milenios y podemos darle un empujón para frenar el egoísmo rampante del neoliberalismo. En un sistema donde los intereses de la población están realmente representados, la legislación perseguirá constantemente a la corrupción en vez de institucionalizarla como encontramos hoy en día. Si no son los inmensamente ricos quienes hacen las leyes, sino que éstas se hacen entre todos o para beneficio de todos, al menos el juego del ratón y el gato habrá comenzado a jugarse de verdad. Podría parecer que, como nunca nos vamos a poner todos de acuerdo, el juego no podrá empezar nunca pero éste no es el caso como se argumenta a continuación.

7.2 Resolver un problema es sólo cuestión de medios

Evidentemente el desarrollar un sistema de diálogo que permita que millones de personas que usan distintas lenguas puedan dialogar y ponerse de acuerdo sobre lo que es mejor para Europa (o el mundo) no es una cuestión baladí. Predecir la existencia de ondas gravitatorias tampoco lo fue, ni mucho menos llegar a medirlas. Para ello fueron necesarios cantidades ingentes de ingenio, recursos materiales y económicos y casi cien año. La pregunta que yo me hago es ¿cuántos miles o millones de euros de fondos públicos se están invirtiendo hoy por hoy en el que sin duda representa el problema más acuciante para la humanidad? La respuesta es sin duda irrisoria comparada con el coste estimado en demostrar la existencia del bosón de Higgs, 13,250 millones de Euros. ¿No crees que la paz se merece bastante más que una partícula subatómica en esta momento de nuestra historia? Quizá con unos cientos de millones de euros podríamos empezar a resolver el problema, y los tenemos.

7.3- Seguridad informática para transacciones de bajo riesgo

Casi todos los críticos del voto electrónico parecen obviar que casi la totalidad del dinero que circula por el mundo es electrónico. El dinero son sólo registros en sistemas de cómputo financieros. La mayor parte de las transacciones tiene lugar de forma electrónica, sin que, en muchos casos sea necesaria ninguna confirmación por parte del pagador. Es decir, la seguridad de los votos también es una cuestión de recursos. Además, si todo depende de una votación cada cuatro años la recompensa por falsificar los resultados puede ser muy grande, suficiente como para arriesgarse a hacerlo, pero si hay constantes votaciones en distintos ámbitos la recompensa es mucho menor y la posibilidad de engañar al sistema constantemente se reduce. “You can fool some people some time, but you cannot fool all the people all the time”. Pero mucho más allá, si entendemos la soberanía ciudadana como un principio sacrosanto de la convivencia, sería importante perseguir y castigar a los usurpadores con las penas más altas que permitan las distintas legislaciones. Nada debería haber más penado, después de atentar contra la vida o la integridad de una persona que arrebatar su derecho a la libertad y por lo tanto a decidir sobre el propio futuro.

7.4 Estabilidad de la Democracia Total

Uno de los aspectos de la Democracia Total que más inquietudes suscita es la posibilidad que su instantaneidad pueda traducirse in disparatados vaivenes que lleven a resultados catastróficos. Este asunto está tratado en más extensión en otro post del blog, pero podemos resumir fácilmente los argumentos en unas pocas líneas. La Democracia Total no va nunca a ser impuesta por los poderosos, la Democracia Total habrá de crecer desde las bases sociales hasta poder enfrentarse a los propietarios del nuestras vidas y nuestras tierras. Podemos imaginar que un sistema impuesto pudiese no gozar de la estabilidad necesaria para mantenerse en pie, pero un sistema que alcanza tamañas proporciones de forma gradual habrá de desarrollar ineludiblemente los mecanismos de autocontrol necesarios para poder librar eficientemente las batallas que se le presentarán en la búsqueda de la justicia. Por otro lado, si las cosas se hacen desde el principio con suficiente sentido, y se trabaja desde el primer instante en los valores fundamentales que unen a todos los seres humanos a la hora de escribir una constitución para organizar nuestra futura sociedad no deberíamos temer que las cosas sean perores de lo que son ahora. Nunca está de más añadir que la democracia formal de la que gozamos ha sido la protagonista del holocausto, de la primera guerra mundial, y son sociedades supuestamente democráticas las que han generado las guerras más importantes de los últimos cien años, está llevando al planeta hasta el agotamiento poniendo en serio peligro la supervivencia de nuestra civilización. No es fácil hacerlo peor.

Conclusiones

Más o menos así imagino yo hoy por hoy una posible Democracia Total. Que éste modelo sirva y sea eficiente o no para una democracia a gran escala es bastante irrelevante en estos momentos. Lo único verdaderamente importante es iniciar la búsqueda del primer sistema de una serie de métodos posibles que nos permitan avanzar en el camino de la democracia participativa. Dada la situación en la que nos encontramos hemos de dar el primer paso, que sea la base para el segundo, que sea a su vez la base para el tercero. No es imaginable sustituir el sistema de gobierno que tenemos por otro radicalmente distinto sin mediación de sucesos violentos, y precisamente eso es lo que queremos evitar a toda costa.

Es posible imaginar varios escenarios mediante los cuales la democracia puede hacerse fuerte en Europa. El que yo considero más probable es la introducción de la democracia en los partidos políticos. Por increíble que parezca ni siquiera un partido como Podemos o un movimiento social como Diem25 (Democracy in Europe 2015) tienen una estructura interna suficientemente democrática para que todas las personas que participan en ellos sientan que tiene realmente la capacidad de modificar las decisiones que se toman en su nombre. Una vez que los partidos fuesen internamente democráticos sería muy fácil democratizar las instituciones, constituciones, legislaciones… pero la cuestión fundamental queda por resolver. ¿Cómo pueden orquestarse una democracia participativa masiva?

Considero que las mayores posibilidades de éxito las tendría un proyecto en el cual el número de participantes fuese aumentando a medida que las reglas del juego democrático lo van permitiendo. No es probable que las mismas reglas funcionen para un grupo de diez que para uno de diez millones, pero quizá no haya que modificarlas demasiado para aumentar progresivamente el tamaño del grupo. Un trabajo duro y sistemático espera a aquellos que estén dispuestos a detonar el proceso en distintos lugares. Un trabajo poco gratificante al principio, sin duda. Alcanzada una masa crítica el proceso se estabilizará a si mismo y la democracia se derramará por los movimientos sociales y las instituciones. Así sucesivamente hasta que el gran grupo se llame Europa y nuestro continente goce de la paz y harmonía a la que sin duda conducirá una sociedad más justa que se relaciona con sus vecinos de acuerdo a criterios humanos y de justicia y no para conseguir beneficios económicos que sólo repercuten en sus mal llamadas élites, poniendo en peligro a menudo cosas tan importantes como el aire que respiramos, el agua que bebemos y la misma paz.

Y ahora sí, creo que si te interesa el tema, estés o no estés de acuerdo con mis ideas, creo que sería fantástico que leyeses el blog desde el principio y criticases todo en lo que no estés de acuerdo, porque LA CONVERSACION que nuestra sociedad no parece terminar de entablar es precisamente cómo llegar a una auténtica democracia. Basta ya de hablar si es o no es posible. Desde el punto de vista rigurosamente lógico no parece que la sociedad esté sujeta al rigor matemático y que sea posible demostrar que la democracia es imposible, que la paz es imposible. Sin embargo bastaría con encontrar el método de hacerlo para demostrar que es posible. Además, como ya he mencionado antes, no es necesario llegar a una democracia total para mejorar la calidad de nuestra democracia, pero es necesario enfrentarse a un problema extremadamente complejo que quizá tenga soluciones sencillas. Piensa en democracia, habla sobre democracia, escribe sobre democracia, juega a la democracia, programa democracia, vive en democracia, pregúntate qué es democracia y estaremos un poquito mejor de lo que estaríamos si no lo hicieses.

Cuánto tiempo transcurra desde que la sociedad decida tomarse en serio emprender el camino hacia la Democracia Total hasta que sus consecuencias se hagan visible en el día a día es una cuestión que sólo podremos resolver en la práctica si es que decidimos emprender este luminoso camino invirtiendo en él los recursos necesarios. Lo que parece claro es que si no lo hacemos estamos condenados a vivir sometidos a los designios de unos pocos afortunados que heredaron inmensas fortunas conseguidas a través del tiempo gracias al pillaje y a la influencia ilegítima adquirida a través de mecanismos de poder impuestos por ellos mismos. Las escasas grandes fortunas generadas en los últimos años no cambian nada de lo dicho. Por increíble que parezca la mayor parte de los fondos de la sociedad europea parece seguir en manos de las mismas familias que hace quinientos años, literalmente, al menos así demuestra un estudio hecho en Florencia.

¿Estás dispuesta a cambiar el mundo?

Salud, Paz, y Democracia

Una constitución en democracia total.

La democracia, para funcionar, exige un compromiso profundo y duradero de los participantes con el sistema, ya sea el gobierno del estado o de un municipio, la gestión de una cooperativa, un colegio o un partido político. Exige que el individuo que en ella participa acepte de buen grado sus responsabilidades y para eso es fundamental que sus derechos sean garantizados

¿Qué derechos inalienables ha de tener cada individuo? En rigor esta es una decisión que ha de tomarse democráticamente. Es fundamental aceptar que no existe una justicia absoluta, ni valores morales trascendentales que sean más importantes que la opinión de la mayoría. Si la mayoría decide que la pena de muerte ha de existir, por disparatado que me parezca habré de aceptar que es una medida “justa”, puesto que así ha sido decidido, aunque eso no impida que luche contra ello con todas las herramientas de las que disponga en democracia.

Idealmente, estos derechos han de ser decididos por consenso, y sólo han de ser alterados por consenso. En la práctica, estos derechos inalienables han de ser formulados mediante leyes de rango superior, que requieran para ser modificadas del apoyo de una mayoría abrumadora de la sociedad o grupo. En el ámbito estatal, esto es el equivalente a una “constitución”, cuyo sentido histórico es limitar los derechos del estado, la mayoría, para defender los del individuo.

En democracia total, la “constitución” es el resultado de un proceso orgánico en el que los participantes del sistema la generan y modifican siguiendo sus propias normas, no como un texto creado por una élite “bienintencionada” y ofrecido como única alternativa al pueblo. El primer elemento, su ley de rango superior, ha de ser, por lo tanto, una descripción de los mecanismos de decisión y participación consensuados por los miembros del grupo. A continuación, una descripción del ámbito y alcance de las decisiones tomadas, ya que el sistema puede usarse para la gestión de la res pública o para la gestión de una cooperativa, o un partido político, o un colegio. Una vez definido éste, se habrá de proceder a la declaración de derechos y libertades inalienables de cada uno de los participantes dentro del ámbito al que atañe el sistema democrático en cuestión. Sólo una vez resueltos estos puntos, como mínimo, podrá el sistema inspirar confianza, tendrá opciones de ser realmente útil y representativo, y podrá ser utilizado para tomar decisiones que busquen el beneficio de todos.

Con respecto a los derechos y libertades, si consideramos la posibilidad de un sistema de democracia total como forma de gobierno de un estado, este punto será de radical importancia, puesto que el ámbito de aplicación de las decisiones se extiende hasta el uso de la violencia por parte de las fuerzas del estado. No parece descabellado que la lista de derechos humanos fuese un pilar fundamental de la constitución de nuestra nación. No obstante, mi opinión personal es que la Declaración Universal de los Derechos Humanos dista mucho de ser un compendio práctico de derechos inalienables que nos pueda servir de referencia en su estado actual. Quizá la primera cuestión que deberíamos debatir, consensuar y decidir, seria una lista de derechos garantizables, como por ejemplo a la libertad de conciencia, de expresión, de asociación, y por qué no, la educación y sanidad para nuestros hijos, si es que estamos de acuerdo en eso.

Una vez consensuada esta lista de derechos ¿se podría cambiar en el futuro? Necesariamente la respuesta ha de ser sí, porque si no se puede cambiar por las buenas, y todo el mundo la quiere cambiar, se cambiará por las malas. ¿Qué mayoría debería de ser necesaria para modificarla? ¿Noventa por ciento? ¿Ochenta? ¿Cincuenta y uno? ¿La misma que la aprobó? ¿La misma que la aprobó más un diez por ciento de estabilización? (Huelga decir que no nos referimos a porcentajes de un parlamento que puede como el español raptar la soberanía popular en cuanto quiera, sino a porcentajes de ciudadanos, aunque se use un sistema de delegación) El incrementar la mayoría necesaria para modificar una ley es una forma de estabilizarla, y, evidentemente, no es solo la “constitución” la que necesita ser estabilizada. Existen otros ámbitos de decisión tales como la educación, la sanidad, o la defensa del estado que, si bien no pertenecen conceptualmente al núcleo constitucional, se beneficiarían de cierta estabilidad. ¿Acaso no sería deseable proporcionársela imponiendo la necesidad de cierto consenso para gestionarlas? De nuevo nos podemos preguntar ¿qué mayoría debería de ser necesaria para tratar estos temas? Probablemente menor que los derechos fundamentales del individuo, pero mayor que la necesaria para cambiar la normativa de tráfico.

Por otro lado, no todos los capítulos de la “constitución” requieren el mismo nivel de protección. ¿Es acaso necesario separar la legislación en dos bloques, “constitución” y “no constitución”? Quizá lo que tendríamos que tener claro es qué nivel de protección necesita cada tipo de ley y qué tipo de consenso. Probablemente, establecer una serie de niveles o rangos para los distintos ámbitos de la ley sería práctico y ayudaría a simplificar las cosas. En cualquier caso, es importante que las leyes de rango superior emanen de una consenso y decisión popular. Además debemos exigir que cualquier cambio a una ley de rango superior, de orden constitucional, sea refrendado por el pueblo, para que no pueda ser modificado torticeramente y sin consultar a éste como lo ha hecho el PPSOE en la pasada legislatura.

Salud, Paz y Democracia

¿Miedo a la democracia?

Desde que empecé a escribir el blog he discutido sus ideas con poca gente. Casi toda gente cercana afectiva e ideológicamente, gente que a priori está de cuerdo con que una democracia real y participativa sería la mejor forma de acabar con algunos de los males que afectan a la sociedad europea y ciertamente a la española. Sin embargo, en muchas de sus respuestas iniciales, casi todas he podido detectar el miedo. Algunos directamente han atacado la propuesta por “ser incapaz de ofrecer garantías jurídicas”, algo que yo, como no he estudiado derecho “no puedo entender”. “Pero vamos, que la idea mola”. Otros han sido capaces de manifestar sus miedos de forma directa. “¿Qué pasaría si la mayoría cambiase de opinión de repente? ¿Nos quedaríamos sin gobierno? ¿Y si al día siguiente vuelven a cambiar de opinión?” y luego los otros “¿Y si la mayoría decidiese discriminar a una minoría étnica o social?”

Lo primero que me urge es confesar que yo también sufro esos miedos. Todos y cada uno de ellos me han invadido a medida que la visión de una sociedad verdaderamente democrática se ha ido haciendo más verosímil en mi mente. Pero los he controlado. Cada vez que me asalta uno de esos miedos me viene a la mente una respuesta que me calma, y que pertenece una de las dos siguientes categorías.

Primeramente, si nos planteamos la posibilidad de que la Democracia Total llegue a ser una alternativa de gobierno es porque es un sistema que funciona. Nadie lo va a impulsar desde la cúpula del poder. Sólo si es capaz de articular el diálogo y los mecanismos de decisión para los colectivos que hayan decidido ponerla en práctica para mejorar su democracia interna, es concebible que en un momento dado una masa sustancial de gente sea tenga la capacidad de invitar a los que todavía no lo hacen a participar. Para entonces ya se habrá estabilizado, la gente habrá aprendido a usarla, habrá aprendido a hacer trampas y a proteger el sistema de las trampas. La democracia total se pondrá a prueba a si misma antes de suponer un peligro para nadie. La democracia total no es un algoritmo, ni un método, ni una plataforma. La democracia total es una filosofía, es una forma de hacer política que tiene como objetivo igualar la capacidad de influencia que puede tener cada individuo en las decisiones comunes. No somos iguales, y esto es un objetivo imposible, pero es un objetivo deseable, un rumbo que seguir.

La segunda categoría de respuestas, que es la más triste, es también la más poderosa. ¿Acaso no pasan o han pasado ya en la “democracia” aparente en la que vivimos todas esas cosas que tanto miedo nos inspiran? ¿No fue Hitler un producto de un sistema totalmente democrática provisto de todas las garantís jurídicas que te puedas echar a la cara? Al final, las garantías jurídicas no son más que la forma en que se instrumentalizan las normas sociales para lograr los objetivos del gobierno de turno. La cuestión es para quién gobierna ese gobierno y a quién defienden las susodichas garantías jurídicas y la ley en su conjunto. Discriminación por género. Pues mire a su alrededor. Racismo y discriminación étnica, mire usted el apartheid, con cuanta legislación se consiguió y cuanto apoyo de los gobiernos del mundo tuvo. Y si aún le quedan dudas mire usted la situación de desigualdad hiriente en la que vive el país que supuestamente inventó la democracia moderna y por ende el más rico de todos.

En su fascinante libro “Los ángeles que llevamos dentro”, Pinker concluye después de un sesudo estudio que la democracia está asociada de forma incuestionable a un descenso de la violencia producida por las guerras, y señala que en los países donde la democracia es más fuerte se observan menores índices de violencia interna. No es cuestión de opinión, de corazonada, es cuestión de evidencia histórica, la democracia en si, aislada de todos los otros efectos regionales, económicos y culturales, reduce la violencia. Se puede decir por lo tanto que, Democracia es paz. ¿Quién no está de acuerdo en que la paz debería ser uno de los objetivos fundamentales de nuestra forma de gobierno?

Cuando pienses en Democracia Total, no pienses en una serie de métodos y algoritmos que se ha inventado un tipo por ahí. No, piensa en cómo podemos lograr hacerlo, piensa en si merece la pena probar esos métodos, y muchos más, hasta que logremos que el pueblo europeo pueda hablar con una sola voz y diga ¡Basta!. Un basta sin puñetazos en la mesa. Un basta como cuando sabes que la palabra “basta” va a ser suficiente para que se pare todo. Basta. Vamos a hablar, a ponernos de acuerdo de verdad, cada uno en la medida de su conocimiento, de su implicación política y todos con un sentido profundo del deber hacia los demás, de respetar nuestros compromisos con ellos, porque esos compromisos no serán impuestos, sino resultado de nuestro compromiso personal con la paz y el entendimiento de que la democracia es el camino para conquistarla.

La conclusión a la que llega Pinker cuando interpreta sus observaciones es que las auténticas democracias, en las que el pueblo decide, intervienen menos en guerra que los países en que la democracia es más débil porque el pueblo, que es quien va a sufrir las consecuencias pero va a disfrutar menos del botín que los señores de la guerra, es más cauteloso. El corolario que yo extraigo de su conclusión es que el demos, en vez de ser más imprudente y más peligroso conductor de nuestro destino es más cauto y más sabio.

Piensa que cada mente es un universo y que para cambiar cada una de las mentes hace mucho más tiempo que para que a cuatro pirados les apetezca poner los pies en alto en una mesa en un rancho de Texas y decidan inventarse que hay armas de destrucción masiva y que hay que mandar a cientos de miles de chavales a la guerra ¿De verdad piensas que si a sus madres les hubiesen dado vela en ese entierro esa guerra hubiese tenido lugar?

El camino hacia la democracia total

El movimiento Democracia Total es un movimiento que se caracteriza por la voluntad de sus integrantes de desarrollar mecanismos de democracia total para utilizarlos en su propio organización y hacer de la democracia participativa su forma fundamental de organización.

Igual que la democracia ha de ser objetivo y herramienta de nuestra sociedad, el movimiento democracia total persigue desarrollar las herramienta utilizando para ello una democracia que se fundamenta en esas mismas herramientas. El crecimiento del movimiento ha de producirse de forma orgánica sin que nunca sus objetivos se separen de sus herramientas ni sus herramientas de sus objetivos. Democráticamente hemos de construir democracia.

La democracia participativa es muy sencilla en un grupo de tres personas y muy difícil en un grupo de cien millones. La labor que tienen ante si los primeros integrantes del movimiento democracia total es desarrollar los mecanismos para poder comunicarse eficientemente entre ellos, así como poner en marcha los mecanismos para que su número pueda crecer de forma continuada sin que la calidad de la democracia interna se vea afectada a largo plazo. Es decir, el camino puede no ser suave, puede haber trompicones y baches, pero al final de cada tramo de dificultades se debe llegar a un punto en que la toma de decisiones se lleva a cabo de forma democrática y participativa usando un método en el que la voz de cada participante tiene exactamente el mismo peso en la decisión final.

Si bien resulta evidente que antes de llegar a la meta de los cien millones será necesario poner en funcionamiento mecanismos innovadores de nuevo cuño, que implementen algoritmos eficientes para la democracia, resulta igual de claro que existen ya herramienta gracia a las cuales, con un poco de esfuerzo, se pueden tomar decisiones de grupo aunque sus integrantes estén separados en el tiempo y en el espacio.

La misión de los primeros integrantes del movimiento será seleccionar dichas herramientas, aprender a utilizarlas y ponerlas al alcance todos los demás miembros que se vayan incorporando para que la discusión sea productiva y eficiente.

Una decisión democrática implica el conocimiento del grupo que toma la decisión. Si quieres tomar parte en el movimiento Democracia Total deja tu nombre en comentario en el post El proyecto Democracia Total , sólo si lo haces tu opinión contará. Una vez hecho eso participa haciendo comentarios a este post y los que vienen sobre cómo crees que deberíamos organizarnos para cambiar el mundo. Haz tus propuestas, vota las que te gusten.

Salud, Paz y Democracia

Algoritmos democráticos para el S.XXI

La elección de los mejores mecanismos para la democracia directa no se puede llevar a cabo desde el punto de vista teórico. Primero y esencial porque al final de cada proceso democrático real hay seres humanos cuyo comportamiento, emociones y respuestas a los diferentes algoritmos y mecanismos sociales son impredecibles. No solo eso, sino que su comportamiento depende radicalmente de sus experiencias previas, de su concepto de los socialmente aceptable y del comportamiento de sus semejantes. Esto implica que incluso si encontrásemos un sistema perfectamente funcional, como al que la sociedad llegará por su propio peso antes o después, es posible que ese sistema no funcione entre nosotros, simplemente porque no estamos listos para asumirlo. Esta observación quita de nuestro hombros una tremenda responsabilidad. No es necesario encontrar el mejor sistema, porque la definición de “mejor” dependerá de lo que piensen del sistema las personas que lo usen. La definición de mejor ha de ser rigurosamente democrática. Lo único que debemos hacer es empezar la búsqueda de un sistema eficiente y ágil para tomar decisiones en grupo, y si es realmente democrático dejar que quienes toman parte en las decisiones decidan cuales son las alternativas que es necesario explorar. Si somos capaces de modificarlo con rapidez suficiente, nos aseguraremos de que la implicación de los usuarios, y por lo tanto la difusión de su uso, irá en aumento.

Este texto no pretende ser un estudio exhaustivo sobre los métodos de toma de decisiones, sino presentar algunas ideas que ilustran la posibilidad de que las cosas sean diferentes. La originalidad de las ideas es cuestionable, puesto que nadie tiene ideas realmente originales. Están en el ambiente, alguien las escribe y quizá los demás se le adjudican. Sin duda hay entre los estudiosos del tema mejor ideas y más desarrolladas. Esto es sólo un llamamiento para que los escuchemos. ¿Dónde están sus ideas? ¿Por qué no es precisamente de esto de lo que hablamos constantemente? ¿Acaso hay algo más urgente que la reconquista de la democracia? Estas ideas sólo pretenden ofrecer la posibilidad de soñar, quizá insinuar la necesidad de soñar.

Delegación del voto

La democracia parlamentaria implica que los votantes confían en que sus representantes respeten su voluntad y tomen decisiones de acuerdo a lo que prometieron y por lo que fueron elegidos. Su derecho a decidir es delegado en los representantes por un periodo fijo.

Diferentes personas tienen, según el momento, diferente interés en las cuestiones públicas, en el discurrir de la vida política, y mientras a veces pueden estar satisfechos observado lo que los gobiernos hacen sin sentir necesidad de intervenir, ocurre que otras veces sienten impotencia pues tienen claro que la res pública debería ser gestionada de forma diferente. Existen dos dificultades a las que hacer frente. La primera es dotar a los votantes de la capacidad de censurar a sus representantes electos si no atienden a su promesas. La segunda es facilitar a los primeros suficiente información sobre como están siendo “representados” por los segundos.

Existen en la sociedad muchos individuos que tiene un interés activo en la política y que de forma natural siguen los movimientos de las instituciones públicas y sus dirigentes. Existen también personas a quienes les gustaría saberse representadas, pero que no tienen un interés suficiente como para seguir la actividad política oficial. Sin embargo, todo el mundo conoce a alguien en quien confía y que tiene un nivel más profundo de implicación en los asuntos de la res pública. ¿Por qué delegar directamente tu voto en alguien con quien no tienes ningún contacto y en quien no tienes ninguna razón para confiar más allá de lo que te muestra su campaña electoral, la versión oficial de periódicos y otro medios de comunicación?

Supongamos que tú puedes elegir a una amiga para que te represente, porque confías en ella y comparte tus valores. Ella está más implicada y tiene a su vez un amigo o conocido con quien tiene el mismo tipo de relación, él a su vez conoce a otra persona en la que confía, y por un simple mecanismo piramidal, en dos o tres pasos de confianza tu voto podría acabar garantizando un asiento en el “parlamento” a alguien que, honestamente, te va a representar. Quizá tú estás interesada en la actividad política, y es a base de representar a otras personas como acabas en el parlamento, o eres quien conoce lo suficientemente a alguien que tiene la capacidad de contribuir al gobierno del estado. El resultado sería una pirámide invertida de representación basado en el conocimiento directo de las personas y en la confianza. Utilizaremos los términos de titular, transmisor y representante del voto para designar a los individuos que forman parte de la cadena. Los titulares, dueños legítimos del voto, cuyo conjunto forma la base (parte superior) de la pirámide, los transmisores, personas en que el voto es depositado pero quienes lo depositan a su vez en una tercera persona, y representante, quienes hacen uso de su voto en debates, elecciones y toma de decisiones, y ocupan el ápice (parte inferior) de la pirámide.

El poder, sin embargo, corrompe, y esa confianza tiene muchas posibilidades de ser defraudada si está fuera del control del dueño legítimo del voto: tú, yo, tu prima, el vecino, el demos en quien debe residir la soberanía y la autoridad final. Por lo tanto, cada cual tiene derecho a que le sea notificado, con la frecuencia deseada, la forma en que su voto es usado, y, en caso de que no esté de acuerdo, corregir la dirección del mismo.

El algoritmo de verificación y rectificación del voto ha de seguir un flujo inverso al de delegación. La decisión del representante puede ser revisada por cualquiera de los que forman parte de la cadena de transmisión, siendo inapelables las decisiones de los que están más abajo en la cadena de transmisión las decisiones tomadas por los que están encima. En última instancia es el titular del voto, el ciudadano, el que tiene la opción en cada instante de decidir la dirección de su voto.

Toda votación o debate ha de ser anunciado con antelación suficiente y cada decisión puede ser ratificada o revocada por la ciudadanía en un tiempo estipulado de forma que todo el mundo tenga una oportunidad real de elegir. Titulares y transmisores pueden escoger ser notificados de la evolución de debates y votaciones. Una vez realizada un sufragio, cada uno de ellos puede elegir ser informado del sentido en que han sido usados los votos de cuya custodia es responsable como transmisor, si los hay, así como el del voto que es titular. Dispone a partir de ese momento de un tiempo de verificación. Si un transmisor decidiese cambiar el sentido de esos votos, los transmisores más cercanos a los titulares, y éstos mismos, serían notificados (si hubiese escogido que así fuera) y dispondrán a su vez de un nuevo periodo de verificación. Si un titular emite un voto personalmente, su dirección no podrá ser modificada por nadie. Es evidente que esto dilata un poco el tiempo necesario para conocer el resultado, pero esto no tiene por qué ser muy grave en la mayor parte de los casos y existen mecanismos posibles para mantener bajo control este proceso.

La generación del discurso

El problema fundamental de la democracia no es realmente la posibilidad de decidir, ya que es concebible un sistema estilo suizo en que los referendos sean una parte cotidiana de la vida de sus ciudadanos. Una actualización informática de este proceso haría realmente fácil la participación ciudadana en la toma de decisiones.

El problema fundamental de la democracia entre un número elevado de participantes es la selección de los temas sobre los que hay que decidir. Mientras no esté sobre la mesa la posibilidad de votar sobre el aforamiento de los parlamentarios, por ejemplo, nunca podrás votar en su contra.

El problema es, por lo tanto, el conseguir que el control del discurso permanezca en las manos del demos.

En nuestra sociedad, el discurso está controlado por la clase política y los medios de comunicación de masas. En ese discurso se empieza a filtrar con fuerza la palabra que se extiende gracias a los medios de comunicación P2P y a la potente voz con la que los movimientos sociales se manifiestan a todos los niveles. Sin embargo, estas dos formas de generación de discurso carecen del ingrediente fundamental que requiere el discurso del grupo. Representatividad.

Si bien en cierta medida el discurso de los movimientos sociales más potentes representa mayoritariamente la opinión de sus integrantes, esto se debe a que el movimiento social en sí se ha formado alrededor de posiciones concretas. Sanidad, educación, feminismo o visiones políticas concretas aglutinan a decenas o centenas de millares de personas alrededor de posiciones de consenso iniciales. Sin embargo, estos consensos son estáticos, puesto que dichos movimientos carecen de los medios necesarios para responder de forma más o menos inmediata a cambios de opinión de sus integrantes, o para formular un posicionamiento global ante nuevos retos o cuestionamientos. Con la mejor de las intenciones las directivas proponen y las bases del movimiento se limitan a poder asentir o disentir, ni siquiera necesariamente a modificar dichas propuestas. No existen mecanismos para elaborar un discurso común con respecto al cual establecer posicionamiento individuales.

En estos momentos los métodos de decisión rápida van reñidos con la discusión abierta de ideas, y los métodos asamblearios ralentizan y entorpecen la toma de decisiones. La cuestión es cómo generar un método mixto que permita que todos los participantes del grupo tengan acceso a todas las opiniones y que controlen de forma democrática la medida en que distintos posicionamientos toman el control del discurso.

La gestión de la palabra

Supongamos una asamblea que se realiza de forma remota, pasando por internet. Queremos que la asamblea tenga una duración limitada y sólo hay un micrófono. Teniendo en cuenta que el tiempo es el bien común, su titularidad es igualitaria y cada participante en la asamblea dispone de la misma cantidad de tiempo. Si se establece una duración de la reunión de dos horas tenemos 7200 segundos a repartir entre todos, ya seamos cien o cien mil. Evidentemente si hay diez personas todo puede estar muy bien, pero si hay cien mil cada uno toca a menos de un segundo y eso no funciona.

A título de ejemplo supongamos que somos cien participantes, por lo que cada uno es dueño de 72 segundos, y que sólo se va a discutir un tema. Cada uno de nosotros se sienta frente a una pantalla de ordenador en la que hay una circunferencia, o varias, de círculos de un color neutro. Cada uno de ellos representa a un participante, y cada cual se ve a si mismo en la parte superior de la pantalla. Antes de empezar la asamblea cada cual tiene la opción de describir, en 140 caracteres, su posición respecto al tema a tratar. Si lo hace, el círculo que lo representa cambiará de color, y al pasar el ratón por encima podrás saber cual es su posición, e incluso pinchar en un link a algún otro lugar en donde la desarrolla. De esta forma, con anterioridad al comienzo de la asamblea es posible tener una idea de la opinión de todos los participantes.

Empieza la asamblea. Cuando una persona pide el turno el color del círculo que lo representa cambia de color en todas las pantallas. El sistema asigna los turnos de palabra por orden de solicitud (con posibles modificaciones para introducir turnos de respuesta entre temas). Cuando lo hace, el círculo de la persona que está hablando toma un color característico y todos en la asamblea pueden oír su voz. Cuando el orador consume su tiempo, el micrófono se apaga y el sistema adjudica el siguiente turno. Si nadie quiere hablar el tiempo se consume para todos por igual. No obstante, alguien que no quiera hablar puede ceder parte de su tiempo a otro orador, incluso antes de que comience la asamblea se puede “votar” por las ideas que más te representan cediendo tiempo a otra persona. Pero tu tiempo es tuyo, y si el discurso del orador no te representa puedes retirarle lo que aún no haya usado.

Al cabo de las dos horas la asamblea ha terminado salvo que de forma democrática y ágil se decida extender.

Evidentemente esto es solo un ejemplo para ilustra el mecanismos. Si el número de participantes en la asamblea asciende a miles o a millones sería posible introducir métodos de delegación como los descritos anteriormente para que nuestros segundos sean gestionados por terceras personas. Podemos elegir no estar “presentes” en la asamblea y sin embargo querer saber lo que se dice en nuestro nombre. Cada vez que nuestro representante hable oiremos lo que diga si queremos, o podremos conectar a la asamblea como si fuera una emisora de radio. Deberíamos tener la posibilidad de arrebatarle el tiempo que le otorgamos incluso si no estamos presentes en la asamblea. Nuestro tiempo es nuestro. Podríamos también concebir la introducción de intérpretes para facilitar la integración de personas con diferentes lenguas. La cuestión es que, siendo cada uno de los presentes titular indiscutible de su tiempo, no puede más que estar de acuerdo en que lo que se dijo es reflejo tanto de su opinión como la de cualquier otro, por igual. El discurso que se genera es indiscutiblemente el que genera el grupo en su conjunto y es por lo tanto democráticamente representativo.

Si la asamblea ha llevado un tema a debate y votación, es porque sus participantes lo han decidido, y el resultado es legítimamente vinculante para todos.

Otras herramientas

Aunque estas dos aplicaciones podrían constituir mecanismos muy útiles para gestionar la dinámica del grupo, quedan muchos huecos por rellenar. La activismo social y la actividad política no se reducen a asambleas o votaciones. El debate constante y la interacción frecuente son la única forma de mantener una cohesión social que permita a los individuos constituirse en grupos capaces de defender los intereses comunes e imponer condiciones a empresas y plutócratas. Este debate ha de tener lugar en la red, pues ha de darnos cabida a todos, pero en plataformas específicamente diseñadas para ella y cuya titularidad sea de domino público, protegidas debidamente la intimidad de sus usuarios y no poniendo a estos en las manos de grandes corporaciones. Ni Facebook, Ni Twiter, ni Telegram son la solución. Son herramientas innegablemente útiles, pero insuficientes para alcanzar el objetivo que nos proponemos. En definitiva lo que buscamos es que un grupo, una sociedad, una nación, la raza humana, pueda tomar consciencia de si misma, de sus deseos, de sus contradicciones, de sus necesidades para expresar su voluntad y tomar acción. ¿Cuáles son los algoritmos definitivos? ¿Existen? Como hemos dicho anteriormente los algoritmos que funcionan será los algoritmos que la gente use, y la gente usará con prioridad los algoritmos que ha escogido, si están implementados adecuadamente. Por eso cualquier avance en esta dirección es en la dirección correcta. Si aumenta la comunicación, la capacidad de generar un discurso común y la capacidad para tomar decisiones, estas capacidades pueden ser utilizadas para decidir cómo queremos comunicarnos mejor y desarrollar esas capacidades. Y así sucesivamente.

Que nadie se engañe, existen riesgos en cualquier tipo de proceso de cambio, y cuando hablamos del uso del poder los riesgos siempre son grandes, pero si no desarrollamos los instrumentos adecuados el demos nunca logrará hacerse con el control de ese poder.

Salud, paz y democracia