Algoritmos democráticos para el S.XXI

La elección de los mejores mecanismos para la democracia directa no se puede llevar a cabo desde el punto de vista teórico. Primero y esencial porque al final de cada proceso democrático real hay seres humanos cuyo comportamiento, emociones y respuestas a los diferentes algoritmos y mecanismos sociales son impredecibles. No solo eso, sino que su comportamiento depende radicalmente de sus experiencias previas, de su concepto de los socialmente aceptable y del comportamiento de sus semejantes. Esto implica que incluso si encontrásemos un sistema perfectamente funcional, como al que la sociedad llegará por su propio peso antes o después, es posible que ese sistema no funcione entre nosotros, simplemente porque no estamos listos para asumirlo. Esta observación quita de nuestro hombros una tremenda responsabilidad. No es necesario encontrar el mejor sistema, porque la definición de “mejor” dependerá de lo que piensen del sistema las personas que lo usen. La definición de mejor ha de ser rigurosamente democrática. Lo único que debemos hacer es empezar la búsqueda de un sistema eficiente y ágil para tomar decisiones en grupo, y si es realmente democrático dejar que quienes toman parte en las decisiones decidan cuales son las alternativas que es necesario explorar. Si somos capaces de modificarlo con rapidez suficiente, nos aseguraremos de que la implicación de los usuarios, y por lo tanto la difusión de su uso, irá en aumento.

Este texto no pretende ser un estudio exhaustivo sobre los métodos de toma de decisiones, sino presentar algunas ideas que ilustran la posibilidad de que las cosas sean diferentes. La originalidad de las ideas es cuestionable, puesto que nadie tiene ideas realmente originales. Están en el ambiente, alguien las escribe y quizá los demás se le adjudican. Sin duda hay entre los estudiosos del tema mejor ideas y más desarrolladas. Esto es sólo un llamamiento para que los escuchemos. ¿Dónde están sus ideas? ¿Por qué no es precisamente de esto de lo que hablamos constantemente? ¿Acaso hay algo más urgente que la reconquista de la democracia? Estas ideas sólo pretenden ofrecer la posibilidad de soñar, quizá insinuar la necesidad de soñar.

Delegación del voto

La democracia parlamentaria implica que los votantes confían en que sus representantes respeten su voluntad y tomen decisiones de acuerdo a lo que prometieron y por lo que fueron elegidos. Su derecho a decidir es delegado en los representantes por un periodo fijo.

Diferentes personas tienen, según el momento, diferente interés en las cuestiones públicas, en el discurrir de la vida política, y mientras a veces pueden estar satisfechos observado lo que los gobiernos hacen sin sentir necesidad de intervenir, ocurre que otras veces sienten impotencia pues tienen claro que la res pública debería ser gestionada de forma diferente. Existen dos dificultades a las que hacer frente. La primera es dotar a los votantes de la capacidad de censurar a sus representantes electos si no atienden a su promesas. La segunda es facilitar a los primeros suficiente información sobre como están siendo “representados” por los segundos.

Existen en la sociedad muchos individuos que tiene un interés activo en la política y que de forma natural siguen los movimientos de las instituciones públicas y sus dirigentes. Existen también personas a quienes les gustaría saberse representadas, pero que no tienen un interés suficiente como para seguir la actividad política oficial. Sin embargo, todo el mundo conoce a alguien en quien confía y que tiene un nivel más profundo de implicación en los asuntos de la res pública. ¿Por qué delegar directamente tu voto en alguien con quien no tienes ningún contacto y en quien no tienes ninguna razón para confiar más allá de lo que te muestra su campaña electoral, la versión oficial de periódicos y otro medios de comunicación?

Supongamos que tú puedes elegir a una amiga para que te represente, porque confías en ella y comparte tus valores. Ella está más implicada y tiene a su vez un amigo o conocido con quien tiene el mismo tipo de relación, él a su vez conoce a otra persona en la que confía, y por un simple mecanismo piramidal, en dos o tres pasos de confianza tu voto podría acabar garantizando un asiento en el “parlamento” a alguien que, honestamente, te va a representar. Quizá tú estás interesada en la actividad política, y es a base de representar a otras personas como acabas en el parlamento, o eres quien conoce lo suficientemente a alguien que tiene la capacidad de contribuir al gobierno del estado. El resultado sería una pirámide invertida de representación basado en el conocimiento directo de las personas y en la confianza. Utilizaremos los términos de titular, transmisor y representante del voto para designar a los individuos que forman parte de la cadena. Los titulares, dueños legítimos del voto, cuyo conjunto forma la base (parte superior) de la pirámide, los transmisores, personas en que el voto es depositado pero quienes lo depositan a su vez en una tercera persona, y representante, quienes hacen uso de su voto en debates, elecciones y toma de decisiones, y ocupan el ápice (parte inferior) de la pirámide.

El poder, sin embargo, corrompe, y esa confianza tiene muchas posibilidades de ser defraudada si está fuera del control del dueño legítimo del voto: tú, yo, tu prima, el vecino, el demos en quien debe residir la soberanía y la autoridad final. Por lo tanto, cada cual tiene derecho a que le sea notificado, con la frecuencia deseada, la forma en que su voto es usado, y, en caso de que no esté de acuerdo, corregir la dirección del mismo.

El algoritmo de verificación y rectificación del voto ha de seguir un flujo inverso al de delegación. La decisión del representante puede ser revisada por cualquiera de los que forman parte de la cadena de transmisión, siendo inapelables las decisiones de los que están más abajo en la cadena de transmisión las decisiones tomadas por los que están encima. En última instancia es el titular del voto, el ciudadano, el que tiene la opción en cada instante de decidir la dirección de su voto.

Toda votación o debate ha de ser anunciado con antelación suficiente y cada decisión puede ser ratificada o revocada por la ciudadanía en un tiempo estipulado de forma que todo el mundo tenga una oportunidad real de elegir. Titulares y transmisores pueden escoger ser notificados de la evolución de debates y votaciones. Una vez realizada un sufragio, cada uno de ellos puede elegir ser informado del sentido en que han sido usados los votos de cuya custodia es responsable como transmisor, si los hay, así como el del voto que es titular. Dispone a partir de ese momento de un tiempo de verificación. Si un transmisor decidiese cambiar el sentido de esos votos, los transmisores más cercanos a los titulares, y éstos mismos, serían notificados (si hubiese escogido que así fuera) y dispondrán a su vez de un nuevo periodo de verificación. Si un titular emite un voto personalmente, su dirección no podrá ser modificada por nadie. Es evidente que esto dilata un poco el tiempo necesario para conocer el resultado, pero esto no tiene por qué ser muy grave en la mayor parte de los casos y existen mecanismos posibles para mantener bajo control este proceso.

La generación del discurso

El problema fundamental de la democracia no es realmente la posibilidad de decidir, ya que es concebible un sistema estilo suizo en que los referendos sean una parte cotidiana de la vida de sus ciudadanos. Una actualización informática de este proceso haría realmente fácil la participación ciudadana en la toma de decisiones.

El problema fundamental de la democracia entre un número elevado de participantes es la selección de los temas sobre los que hay que decidir. Mientras no esté sobre la mesa la posibilidad de votar sobre el aforamiento de los parlamentarios, por ejemplo, nunca podrás votar en su contra.

El problema es, por lo tanto, el conseguir que el control del discurso permanezca en las manos del demos.

En nuestra sociedad, el discurso está controlado por la clase política y los medios de comunicación de masas. En ese discurso se empieza a filtrar con fuerza la palabra que se extiende gracias a los medios de comunicación P2P y a la potente voz con la que los movimientos sociales se manifiestan a todos los niveles. Sin embargo, estas dos formas de generación de discurso carecen del ingrediente fundamental que requiere el discurso del grupo. Representatividad.

Si bien en cierta medida el discurso de los movimientos sociales más potentes representa mayoritariamente la opinión de sus integrantes, esto se debe a que el movimiento social en sí se ha formado alrededor de posiciones concretas. Sanidad, educación, feminismo o visiones políticas concretas aglutinan a decenas o centenas de millares de personas alrededor de posiciones de consenso iniciales. Sin embargo, estos consensos son estáticos, puesto que dichos movimientos carecen de los medios necesarios para responder de forma más o menos inmediata a cambios de opinión de sus integrantes, o para formular un posicionamiento global ante nuevos retos o cuestionamientos. Con la mejor de las intenciones las directivas proponen y las bases del movimiento se limitan a poder asentir o disentir, ni siquiera necesariamente a modificar dichas propuestas. No existen mecanismos para elaborar un discurso común con respecto al cual establecer posicionamiento individuales.

En estos momentos los métodos de decisión rápida van reñidos con la discusión abierta de ideas, y los métodos asamblearios ralentizan y entorpecen la toma de decisiones. La cuestión es cómo generar un método mixto que permita que todos los participantes del grupo tengan acceso a todas las opiniones y que controlen de forma democrática la medida en que distintos posicionamientos toman el control del discurso.

La gestión de la palabra

Supongamos una asamblea que se realiza de forma remota, pasando por internet. Queremos que la asamblea tenga una duración limitada y sólo hay un micrófono. Teniendo en cuenta que el tiempo es el bien común, su titularidad es igualitaria y cada participante en la asamblea dispone de la misma cantidad de tiempo. Si se establece una duración de la reunión de dos horas tenemos 7200 segundos a repartir entre todos, ya seamos cien o cien mil. Evidentemente si hay diez personas todo puede estar muy bien, pero si hay cien mil cada uno toca a menos de un segundo y eso no funciona.

A título de ejemplo supongamos que somos cien participantes, por lo que cada uno es dueño de 72 segundos, y que sólo se va a discutir un tema. Cada uno de nosotros se sienta frente a una pantalla de ordenador en la que hay una circunferencia, o varias, de círculos de un color neutro. Cada uno de ellos representa a un participante, y cada cual se ve a si mismo en la parte superior de la pantalla. Antes de empezar la asamblea cada cual tiene la opción de describir, en 140 caracteres, su posición respecto al tema a tratar. Si lo hace, el círculo que lo representa cambiará de color, y al pasar el ratón por encima podrás saber cual es su posición, e incluso pinchar en un link a algún otro lugar en donde la desarrolla. De esta forma, con anterioridad al comienzo de la asamblea es posible tener una idea de la opinión de todos los participantes.

Empieza la asamblea. Cuando una persona pide el turno el color del círculo que lo representa cambia de color en todas las pantallas. El sistema asigna los turnos de palabra por orden de solicitud (con posibles modificaciones para introducir turnos de respuesta entre temas). Cuando lo hace, el círculo de la persona que está hablando toma un color característico y todos en la asamblea pueden oír su voz. Cuando el orador consume su tiempo, el micrófono se apaga y el sistema adjudica el siguiente turno. Si nadie quiere hablar el tiempo se consume para todos por igual. No obstante, alguien que no quiera hablar puede ceder parte de su tiempo a otro orador, incluso antes de que comience la asamblea se puede “votar” por las ideas que más te representan cediendo tiempo a otra persona. Pero tu tiempo es tuyo, y si el discurso del orador no te representa puedes retirarle lo que aún no haya usado.

Al cabo de las dos horas la asamblea ha terminado salvo que de forma democrática y ágil se decida extender.

Evidentemente esto es solo un ejemplo para ilustra el mecanismos. Si el número de participantes en la asamblea asciende a miles o a millones sería posible introducir métodos de delegación como los descritos anteriormente para que nuestros segundos sean gestionados por terceras personas. Podemos elegir no estar “presentes” en la asamblea y sin embargo querer saber lo que se dice en nuestro nombre. Cada vez que nuestro representante hable oiremos lo que diga si queremos, o podremos conectar a la asamblea como si fuera una emisora de radio. Deberíamos tener la posibilidad de arrebatarle el tiempo que le otorgamos incluso si no estamos presentes en la asamblea. Nuestro tiempo es nuestro. Podríamos también concebir la introducción de intérpretes para facilitar la integración de personas con diferentes lenguas. La cuestión es que, siendo cada uno de los presentes titular indiscutible de su tiempo, no puede más que estar de acuerdo en que lo que se dijo es reflejo tanto de su opinión como la de cualquier otro, por igual. El discurso que se genera es indiscutiblemente el que genera el grupo en su conjunto y es por lo tanto democráticamente representativo.

Si la asamblea ha llevado un tema a debate y votación, es porque sus participantes lo han decidido, y el resultado es legítimamente vinculante para todos.

Otras herramientas

Aunque estas dos aplicaciones podrían constituir mecanismos muy útiles para gestionar la dinámica del grupo, quedan muchos huecos por rellenar. La activismo social y la actividad política no se reducen a asambleas o votaciones. El debate constante y la interacción frecuente son la única forma de mantener una cohesión social que permita a los individuos constituirse en grupos capaces de defender los intereses comunes e imponer condiciones a empresas y plutócratas. Este debate ha de tener lugar en la red, pues ha de darnos cabida a todos, pero en plataformas específicamente diseñadas para ella y cuya titularidad sea de domino público, protegidas debidamente la intimidad de sus usuarios y no poniendo a estos en las manos de grandes corporaciones. Ni Facebook, Ni Twiter, ni Telegram son la solución. Son herramientas innegablemente útiles, pero insuficientes para alcanzar el objetivo que nos proponemos. En definitiva lo que buscamos es que un grupo, una sociedad, una nación, la raza humana, pueda tomar consciencia de si misma, de sus deseos, de sus contradicciones, de sus necesidades para expresar su voluntad y tomar acción. ¿Cuáles son los algoritmos definitivos? ¿Existen? Como hemos dicho anteriormente los algoritmos que funcionan será los algoritmos que la gente use, y la gente usará con prioridad los algoritmos que ha escogido, si están implementados adecuadamente. Por eso cualquier avance en esta dirección es en la dirección correcta. Si aumenta la comunicación, la capacidad de generar un discurso común y la capacidad para tomar decisiones, estas capacidades pueden ser utilizadas para decidir cómo queremos comunicarnos mejor y desarrollar esas capacidades. Y así sucesivamente.

Que nadie se engañe, existen riesgos en cualquier tipo de proceso de cambio, y cuando hablamos del uso del poder los riesgos siempre son grandes, pero si no desarrollamos los instrumentos adecuados el demos nunca logrará hacerse con el control de ese poder.

Salud, paz y democracia

Un proyecto factible

1.-

La baja calidad de la democracia en España y en el resto de Europa no sólo se debe a la innegable decadencia de nuestra clase política y al creciente poder de la plutocracia, sino también a la incapacidad del demos para controlar a éstas. Los sistemas parlamentarios existentes, ya sean proporcionales o representativos, muestran a este respecto una serie de carencias intrínsecas que no son casualidad ni tienen visos de cambiar. Son las clases dominantes las que han generado los sistemas democráticos, y lo han hecho de forma que les resulte suficientemente fácil mantener el poder a la par que el demos adquiría un ilusión de control que la sociedad de la información ha terminado por desbaratar. Un buen ejemplo es el senado español.

Aunque la voluntad política podría acelerar el proceso mediante el cual los mecanismos democráticos que rigen la política de nuestros países se modernizasen, no basta con la intención de implementar un sistema realmente democrático para ser capaz de hacerlo. La eventual llegada al poder de un partido político del tipo de Podemos no resolvería el problema fundamental de cómo podemos todos los españoles estar de acuerdo en que nuestra opinión está debidamente representada en las decisiones gubernamentales. El problema es esencialmente un organizativo y tecnológico.

La resolución del problema tecnológico, aunque supongo un esfuerzo considerable y requiera una importante cantidad de recursos humanos y en menor medida financieros puede considerarse trivial. Una vez arrancado un proyecto con una estructura suficientemente sólida y con una imagen potente será sólo cuestión de tiempo que a base de crowdfunding y contribuciones personales, su implementación sea llevado a cabo.

2.-

Hemos de partir de la base que cualquier intento de crear una herramienta para que cientos de millones de personas puedan tomar decisiones sin necesidad de pasar por los órganos gubernativos nunca va a contar con el apoyo de éstos. El origen del nuevo sistema democrático hacia el que la sociedad europea se dirige inexorablemente está en los movimientos sociales, en el compromiso personal de cientos de miles ciudadanos de los distintos estados que se organizan para hacer frente, en una especie de guerra de guerrillas, a la maquinaria del poder.

Los movimientos sociales de principio del siglo XX disfrutan de una gran cantidad de herramientas para comunicarse, y la potencia de estas ha hecho ya tambalearse muchas estructuras de poder. Hablamos de herramientas como Twiter, Telegram, Facebook, Appgree, Lomio y un largo etcétera. Aunque algunas de estas herramientas, como Appgree, fueron diseñadas en consciencia de que su uso podría llevar a facilitar las movilizaciones sociales, otras, como Twitter, tienen un impacto muy superior al que sus diseñadores nunca esperaron. En general, las herramientas que los movimientos sociales usan para organizarse no fueron diseñadas para ello. De hecho, es frecuente el uso combinado de muchas aplicaciones de forma confusa e ineficiente, a pesar de la excelente intención y esfuerzo de todos los activistas. La causa es sencilla, son las herramientas lo que no sirve.

El problema fundamental al que nos enfrentamos es que ninguna de esas herramientas fue diseñada con un conocimiento profundo de todos los procesos necesarios a la hora de consensuar las posturas de millones de personas en un espacio reducido de tiempo. Una aplicación diseñada específicamente para organizar a un número tan elevado de personas en una acción conjunta precisa de mecanismo para llevar a cabo consultas, asambleas eficientes, redacción de propuestas, votaciones y posiblemente un largo etcétera. Además requiere un diseño sólido y seguro, controlado por el dominio público. Finalmente es indispensable que disfrute de una usabilidad excepcional, para permitir que todos los integrantes del movimiento social, eventualmente todos los ciudadanos, puedan involucrarse sin hacer más esfuerzo que el deseado, en la toma de decisiones.

La actividad de los movimientos sociales, distribuidos por territorios de gran tamaño en los que la comunicación personal es infrecuente, es una fuente inagotable de experiencia. Nadie como las personas que se enfrentan a la complejidad de las asambleas virtuales, la redacción de documentos o toma de decisiones deslocalizadas puede contribuir al diseño de las herramientas ideales para el desarrollo de su actividad.

Cualquier tecnología capaz de satisfacer las necesidades de comunicación, organización, y toma de decisiones de un movimiento social como las mareas, es susceptible de satisfacer las mismas necesiades para un partido político con millones de votantes o incluso un estado multinacional como Europa.

3.-

Una de las experiencias más interesantes derivadas del mundo de la informática en los últimos años es que los grandes diseños no producen resultados. El proceso de desarrollo de software dominante hasta final del siglo pasado consistía en diseñar cuidadosamente una aplicación, documentarla exhaustivamente, y proceder a su desarrollo. Con tiempos y tecnologías cambiantes era frecuente que para cuando la aplicación terminaba de desarrollarse ya era prácticamente inútil y en cualquier caso obsoleta. El resultado es que los grandes proyectos adaptativos que se desarrollan en estos momentos siguen lo que se suele denominar metodologías ágiles, las cuales tienen la capacidad de integrar a una gran cantidad de desarrolladores que trabajen en equipos paralelos, cada uno de los cuales trabaja en una pieza muy pequeña del proyecto, cuya única requisito indiscutible es que debe ser útil para los usuarios. Lo cual, todo sea dicho de paso, resulta extremadamente conveniente para el tema que nos ocupa.

Incluso si nuestro proyecto tiene como objetivo alcanzar un nueva forma de organización social en la que el presidente del gobierno tenga que responder diariamente ante sus votantes, a riesgo de poder ser suspendido del cargo ipso facto por un sistema de votación continua, incluso si aspiramos a que las decisiones que corresponden a la sanidad sean tomados por especialistas y no por políticos en sus despachos, incluso si aspiramos a que todas las cuentas del estado puedan ser auditadas continuamente por la ciudadanía en una wiki-auditoria constante, no necesitamos realizar un gran esfuerzo para empezar. Basta que el proyecto comience con dos elementos.

  • El primero es una idea clara del objetivo a conseguir con respecto a la cual mantener un rumbo definido.

  • El segundo es la idea de la herramienta más básica de la que poder hacer uso para tomar decisiones mejor informadas, y más democráticas, en el menor tiempo posible.

Si de verdad esta primera herramienta es útil, hará más fácil decidir los siguientes pasos, a medida que avance el proyecto y la participación en él se haga menos frustrante y más fácil se puede concebir un proceso de realimentación positiva que lleve al desarrollo de una plataforma compleja que sustituya a o integre todas la herramientas que usamos en estos momentos.

Como dice el proverbio, en un viaje de diez mil lenguas lo más importante es el primer paso. El reto al que nos enfrentamos es, efectivamente, a dar ese primer paso. Simplemente debemos saber hacia donde nos dirigimos y empezar a caminar.

5.-

El concepto básico que proponemos explorar es la generación de un proceso iterativo de magnitud creciente. Supongamos que contamos por un lado con un grupo reducido de miembros del movimiento social que deciden tomar parte en el diseño conceptual de una plataforma cuyo objetivo sea facilitar el funcionamiento democrático interno del movimiento. Supongamos que por otro lado existe un grupo de desarrolladores disponibles para poner en marcha el proyecto en un marco de código abierto y libre. Evidentemente puede también ser parte del movimiento.

La primera tarea de la parte activista es describir la funcionalidad que necesitaría para que todo funcionase a la perfección en un mundo ideal, sin limitaciones. La segunda sería escoger la función específica que podría, por sí sola, facilitar el trabajo del movimiento. El grupo de desarrollo se concentrará precisamente en eso, en crear esa funcionalidad y ponerla al servicio del movimiento social. Si la aplicación desarrollada es realmente útil, su uso se extenderá por si solo en la organización, aunque ciertas barreras de inercia tendrán que ser vencidas. Sólo una parte de la organización ha de estar involucrada en la definición de la plataforma, pero es necesario una implicación de una parte mayor en la iniciativa de hacer uso de ella.

Al ser un proyecto de código abierto y tener como objetivo su uso extensivo, deberá buscarse su adopción por parte de otros movimientos sociales, con lo cual se aumentará la fuerza del proyecto y su capacidad para reclutar desarrolladores y recaudar fondos. El círculo virtuoso sobre el que este proyecto debe cabalgar es el siguiente: La utilidad del proyecto empuja su difusión. La difusión aumenta los recursos disponibles. Los recursos repercuten positivamente en el desarrollo de nueva funcionalidad. La funcionalidad propulsa su difusión.

Una parte fundamental del proceso es que, si la plataforma facilita la toma de decisiones democráticas, será mediante su uso como, de forma democrática, se escogerá la funcionalidad que será desarrollada a continuación. Este proceso fomentará la implicación de los usuarios en su difusión, puesto que se ha visto implicado su diseño, y potenciará la implicación de más recursos y más fondos en el desarrollo.

6.-

Conscientes de que la democratización total de nuestra sociedad es un sueño, nos complace saber que está permitido soñar, porque la realización de este sueño sólo depende de que creamos que es posible. El proceso, una vez comenzado, no será fácil, ni rectilíneo, pero si guardamos como premisas fundamentales que los principios de democracia y transparencia han de ser incuestionables, no puede dejar de contribuir a nuestra comprensión de la problemática asociada a la democracia directa y a los retos que implica para el demos hacerse con las riendas de su propio destino.

Salud, paz y democracia

Democracia Total. RELOADED.

Hace algún tiempo empecé a escribir este blog con la intención de contribuir a la movilización popular en la conquista de un poder que nunca estuvo en las manos del demos. Tenían entonces las entradas del blog un carácter algo incendiario y panfletero, que venía caracterizado por la imagen de la cabecera. Todo nos preguntábamos qué tenía que pasar para que”pasara” algo.

Algo ha pasado. Podemos tiene el apoyo de 25% del electorado. Las mareas de distintos colores se han hecho presentes en la sociedad como fuerza de cambio, la sensibilización política de una gran parte de la sociedad se ha multiplicado. No es ya hora de movilizar sino de movilizarSE y de contribuir al éxito de la movilización existente.

Sigo pensando que los elementos principales del este blog siguen siendo útiles. De hecho, pienso que son ahora mucho mucho más importantes de lo que fueron nunca. No debemos permitir que Podemos se convierta en un partido institucional de estructura vertical. No podemos permitir que las mareas se asfixien en la inoperancia que imponen en ellas la falta de herramientas adecuadas para la democracia en grandes grupos o grupos distribuidos geográficamente. Es por eso que recientemente he tomado dos decisiones.

La primera es que me he unido al nodo de la Marea Granate de Dublín, donde espero poder contribuir a la movilización social y entre quienes espero encontrar un primer apoyo para poner en marcha un proyecto cuyo objetivo es desarrollar una plataforma integral para el autogobierno que permita a la propia Marea a transformarse para añadir a sus cualidades actuales la agilidad y la representatividad.

La idea es desarrollar un plataforma de código abierto que esté a la disposición de cualquier grupo que desee mejorar sus mecanismos de democracia interna. Para ello es necesario que el diseño de la plataforma sea una respuesta a las necesidades de sus integrantes, y que desde el primer momento les resulte útil y accesible.a quienes la necesitan.

La segunda es resucitar este blog. A partir de ahora pienso utilizarlo como herramienta para discutir las características de ese plataforma. Los dos próximos artículos, que ya tengo escritos, son más documentos de trabajo que literatura incendiaria. Su objetivo no es convencer, sino contribuir a un proceso inevitable pero que si no logramos que tome impulso, podría morir de éxito. Si las bases de Podemos no recuperan el control del partido, si el movimiento paneuropeo liderado por Varoufakis y Ada Colau, entre otros, no consigue representarnos, si Jeremy Corbin no es capaz de escuchar lo que dicen los británico, dentro de poco el sueño se habrá extinguido y volveremos al punto en que estábamos antes del 15M.

Estoy convencido de que la movilización más urgente, más importante incluso que luchar contra el TTIP (por mencionar algo que me horroriza) o luchar contra el control de la Troika sobre Europa, es armarnos de herramientas democráticas para poder luchar esas batallas con esperanzas de salir victoriosos. Por eso creo, ahora más que nunca, que es necesario que todos nos impliquemos en la búsqueda de una democracia que nos represente, y eso, quiere decir cambiarlo todo desde la raíz.

Salud, paz y democracia.

Transparencia

Transparencia se refiere a la cualidad de una sustancia que permite ver a través de la misma. Transparencia en las administraciones significa que los ciudadanos podamos ver lo que en ellas se hace directamente, sin necesidad de pedir informes, hacer preguntas. Trasparencia es transparencia.

La cualidad fundamental de una administración democrática es la transparencia. Los países nórdicos tiene administraciones más “transparentes” porque cualquier ciudadano interesado puede conseguir la información que desee sobre sus actividades ya que ésta le es facilitada por los funcionarios correspondientes, sin embargo esto no significa transparencia. Esto sólo implica que su cultura democrática es más elevada y que los derechos fundamentales de los ciudadanos están más consolidados, pero si queremos una democracia en la que cada individuo pueda ejercer responsablemente su cuota de poder sin dedicar por ello a la actividad política una cantidad desproporcionada de su tiempo, es imprescindible que pueda ver, directamente, cualquier cosa que con el dinero de sus impuestos o en su nombre se ha hecho dentro de la administración pública. Todo. Hace falta que todas las administraciones sean realmente trasparentes. (La obvia salvedad de los secretos de sumario y las investigaciones policiales no afecta en absoluto al resto)

Es decir, una democracia total requiere de una administración pública cuyas cuentas, cuyas decisiones, cuyos organigramas se encuentren siempre a la vista de todo el mundo, colgados en internet. De esta forma los proyectos con los que se presentan las diferentes empresas a un concurso público han de ser públicos. Debidamente organizados en bases de datos podremos encontrar todas las convocatorias de empleo o licitación y en literalmente segundos podremos ver qué administraciones están dando plazos sistemáticamente muy cortos para eliminar la concurrencia, podremos ver qué empresas se llevan qué concursos en qué circunstancias, y un largo etcétera. Si realmente existe este tipo de transparencia, podremos decir adiós, de un día para otro, a la corrupción.

Salud, paz y democracia.

El acuerdo

Buscamos una forma de gobernarnos que pueda enfrentarse a los problemas de nuestros tiempo, y la buscamos antes de que se produzca una revolución violenta. Esto implica que para cambiar el presente sistema es necesario contar con la estructura de un partido político capaz de llegara a gobernar

Me parece urgente la movilización ciudadana, no ya en huelgas y manifestaciones de mayor o menor impacto, incapaces, aparentemente de desviar un ápice el rumbo que ha sido trazado para nuestro gobierno, sino una búsqueda real de alternativas políticas capaces de enfrentarse, en las urnas, a los partidos asentados cómodamente en el poder.
Con mayor o menor énfasis yo ando buscando las alternativas que me parecen más atractivas, pero mientras tanto creo que tampoco viene mal reflexionar sobre cual sería el programa político que debería tener ese partido ideal. 
El programa de este partido ha de ser breve y conciso, por lo menos al principio, y ha de basarse en puntos que gocen de un apoyo abrumadamente mayoritario entre los votantes. ¿Cuáles son eso puntos? ¿Sobre qué cosas estamos casi todos de acuerdo? Esta es la cuestión que nos deberíamos plantear. ¿Y si resulta que nuestras premisas iniciales no son ciertas? ¿Y si resulta que hay puntos sobre los que hay mucha división? Pues se quitan del programa.
No hay nada que no pueda someterse a debate, no hay nada sobre lo que todos los ciudadanos no tengan derecho a pronunciarse, pero los puntos que generen conflicto, que son precisamente a los que se aferran los partidos actuales para fomentar la división de la ciudadanía en beneficio propio, son los puntos que no deberán ser incluidos en el programa y deberán de ser tratados con calma, en un debate social abierto y democrático a lo largo de una o varias legislaturas, no decididos a priori en programas electorales.
Lo que nos interesa precisamente son esas cosas sobre las que los partidos no quieren hablar, sobre las que nosotros, los ciudadanos, estamos de acuerdo en contra de ellos, los que nos gobiernan, en contra de ellos, los que nos observan trabajar afanosos mientras sus millones invertidos en paraísos fiscales les permiten vernos como peones en un juego de ajedrez apenas entretenido.
Lo que nos interesa es saber en qué cosas estamos de acuerdo y alrededor de ellas construir un programa político suficientemente atractivo como para que nos reunamos a su alrededor.
Buscamos el partido del acuerdo.

 

Barricadas para la democracia

La sensación de que es necesario lanzarse a las barricadas para parar la barbarie que nos rodea se extiende entre las personas que conozco. Sin embargo, la mayor parte de ellos reconocen la violencia como un mal que es necesario evitar. La violencia, tantas veces se ha dicho, sólo engendra violencia, y ningún régimen surgido de una revuelta  violenta ha sido pacífico y tolerante con sus ciudadanos. Así pues la pregunta surge. ¿Cómo son las barricadas tras las que parapetar la democracia?

La democracia se basa en la fuerza de la unión, en la conciencia social de pertenecer a una mayoría, o incluso de creer en la legitimidad del gobierno de la mayoría, aunque no estemos de acuerdo con ellos. La mayoría, si es consciente de su poder  es imparable. Por eso Seneca recomendaba que no se distinguiese a los esclavos con una vestimenta diferente, para que no fuesen conscientes de su poder. Por eso cuando hay una manifestación multitudinaria contra el gobierno, como la del 23F 2013, se evita dar cifras realistas de manifestantes, se evitan las fotografías aéreas, para que parezca que no somos tantos los que queremos cambiar las cosas.

Contra la violencia policial es necesario organización, no tengo ideas al respecto, pero contra la desinformación hace falta información. Las barricadas que tenemos que construir son sistemas de información capaces de atravesar su estrategia de desinformación. Es necesario contar de forma fiable los asistentes a las manifestaciones, es necesario hacer fotos aéreas, es necesario, sobre todo, permitir que los asistentes a una manifestación puedan actuar al unísono, de acuerdo a sus decisiones mayoritarias, para mostrar su unidad y su fuerza.

Imagina el siguiente escenario. Cien mil personas son capaces de comunicarse instantáneamente y decidir, por mayoría, que van a hace un minuto de silencio a las 17.10. Luego avanzan diez pasos. Luego se paran y van a cantan o corean un cierto slogan. Uno de tantos, quizá inventados en ese instante. Lo eligen por mayoría.Lo cantan al unísono. Cien mil personas. Imagina que esto se graba, que se trasmite por internet, que todo el mundo puede verlo. ¿No crees que sería una nota de atención para los dirigentes? ¿SI se pueden poner de acuerdo para eso, acaso no se pueden poner de acuerdo para otras cosas?

En la siguiente manifestación las comunicaciones estarían intervenidas, no habría internet, te lo garantizo. Es entonces cuando hay que levantar barricadas. Y es muy fácil hacerlo, pero es necesario hacerlo. Por ejemplo así:

Entre los manifestantes circulan unos cuantos con modems o rotures portátiles que utilizan todos los usuarios para comunicarse desde sus dispositivos móviles con un pequeño servidor en el que se ejecutan los algoritmos de decisión, que se pueden comunicar por radio con un punto fijo de internet, difícil de localizar, en un edificio próximo, pero tan solo con que la masa de los presentes pueda comunicarse y decidir instantáneamente lo que quiere hacer, las barricadas serán inexpugnables.

Fuera de la manifestación, en el día a día, tenemos que encontrar los medios de que no nos controlen, de que no nos censuren, de establecer un diálogo fluido, todos con todos, del que surjan las decisiones de la mayoría.  Una vez que los ciudadanos podamos decidir, sin trabas, como queremos que sea nuestro destino, nadie podrá detenernos. Ojo, que quizá la mayoría sea más torpe que la oligarquía que ahora nos gobierna, no digo que no, pero al menos seremos nosotros los que pagaremos las consecuencias de nuestras decisiones.

Salud, Paz y democracia.

 

Appgree o la opinión de las mayorías

Desde hace pocos meses existe una plataforma informática cuyo objetivo es producir opiniones mayoritarias a partir de las opiniones personales. Se llama Appgree. Es una aplicación para dispositivos móviles de la que conozco sólo lo que dice su página web, pero que tiene pinta de ser muy potente. Hace uso de análisis estadístico para sintetizar opiniones y utiliza una ronda final de validación para que todo el mundo sepa el nivel de apoyo real, no aproximado, que tiene una propuesta. Me parece fantástico.

La buena noticia es que la va a utilizar Gran Hermano para la próxima temporada, lo cual quiere decir que se va a popularizar enormemente. Una vez que la utilice “todo el mundo” se podrá utilizar para generar una primera versión de “la palabra”, la expresión de la mayoría.

Te dejo con los vídeos que la explican:

http://player.vimeo.com/video/62728740?autoplay=1&title=1
http://player.vimeo.com/video/62731296?autoplay=1&title=1
http://player.vimeo.com/video/62719987?autoplay=1&title=1

Salud, paz y democracia.